El Festival de Ostia Antica consolida su segunda edición con un cartel internacional que agota localidades, devolviendo la dramaturgia clásica al milenario escenario construido por el emperador Augusto.
El corazón del Imperio Romano late con fuerza renovada en la periferia de la capital italiana. El milenario teatro de Ostia, una joya arquitectónica de mampostería erigida hace más de dos mil años por orden del primer emperador, Augusto, experimenta un renacer cultural sin precedentes. A través de una ambiciosa programación estival que rompe con un vacío de un cuarto de siglo sin dramaturgia en sus tablas, el recinto se ha transformado en el escenario más antiguo de Roma en actividad continua.

El éxito de la propuesta ha sido inmediato. El director del festival, Luca De Fusco, confirmó que la respuesta del público superó todas las expectativas iniciales con taquillas completamente agotadas, evidenciando una fuerte demanda latente por experimentar las grandes obras de la Antigüedad en el mismo espacio para el que fueron concebidas.
Mitos helénicos con lenguaje contemporáneo
La presente edición del certamen, que se extenderá hasta el 18 de julio, se caracteriza por cruzar los mitos griegos con lenguajes teatrales y coreográficos de absoluta vanguardia:
- ‘Las Bacantes’: La célebre tragedia dionisíaca de Eurípides inauguró el ciclo bajo la dirección del griego Theodoros Terzopoulos, quien transformó la pieza en un conmovedor viaje de refugiados en continua transformación.
- ‘Lisístrata’: El clásico de Aristófanes sobre la huelga sexual de las mujeres para detener la guerra se presentó mediante una moderna propuesta en griego subtitulado, a cargo de Asterios Peltekis, que combinó el humor con una aguda reflexión sobre las crisis del mundo actual.
- Danza y vanguardia: El cartel se completará en las próximas jornadas con el espectáculo de danza ‘Requiem’, del coreógrafo francés Angelin Preljocaj, y la puesta en escena de ‘Alcestis’, dirigida por Filippo Dini.
Una cápsula del tiempo en la periferia portuaria
Ubicada a unos 20 kilómetros del centro de Roma —distancia que la organización cubre con un servicio especial de autobuses nocturnos—, Ostia funciona como una auténtica cápsula del tiempo. Fundada según la tradición por el rey Anco Marcio en el 620 a.C., la ciudad pasó de ser un enclave defensivo a convertirse en el próspero y riquísimo puerto fluvial de la capital imperial.
Toda esa opulencia comercial se respira hoy en el asombroso estado de conservación de sus foros, termas, templos y los icónicos mosaicos de temática marina de las Termas de Neptuno. A diferencia de otros espacios históricos de la capital donde se realizan recitales puntuales (como el Circo Máximo), Ostia ofrece la experiencia pura del edificio teatral clásico.

De cara al futuro, y con un mandato que se extiende hasta 2029, De Fusco planea introducir obras representadas directamente en latín, proyectando la puesta en escena de la comedia ‘Menaechmi’, de Plauto, para devolverle por completo al recinto su lengua materna original una vez que el calor del próximo verano vuelva a dar una tregua a las ruinas de la ciudad.










