El referente del trap uruguayo prescinde de los artificios de la industria y se vuelca a un formato crudo donde el decir callejero y el hallazgo conceptual de registrar la cotidianeidad se transforman en arte puro.
En una industria musical cada vez más saturada de ficciones visuales y estéticas prefabricadas para el algoritmo, Facundo Cedrés —conocido artísticamente como Peke 77— ha decidido patear el tablero. Su más reciente obra audiovisual no es simplemente un videoclip de promoción; es un hallazgo conceptual que subvierte las reglas del juego de la música urbana actual.
La propuesta se sostiene sobre un pilar fundamental: la honestidad.
Mientras el género urbano suele sobreactuar el éxito y los lujos ficticios, el Peke 77 en este lanzamiento hace de la cotidianeidad su trinchera creativa, demostrando que el peso de su arte no radica en el presupuesto de producción, sino en la autenticidad de su relato.
El decir de la calle y la palabra como espejo
El verdadero núcleo de este lanzamiento se encuentra en el «decir». Las barras del artista mantienen esa lírica afilada, directa y desprovista de eufemismos que lo convirtió en la voz de una generación en el panorama rioplatense. Su narrativa no busca la aprobación comercial ni maquilla la realidad del barrio; al contrario, utiliza la palabra como un espejo de sus vivencias, sus tensiones y la lealtad inquebrantable hacia los suyos.
Este enfoque conceptual transforma el video en un manifiesto artístico donde la cámara se vuelve un testigo invisible. Al registrar las charlas casuales, las risas en el estudio, las miradas de complicidad con su equipo de trabajo y los trayectos sin rumbo aparente, el Peke 77 logra un retrato de fidelidad absoluta a sus raíces. No hay personajes ni guiones: es la música naciendo del mismo asfalto que pisa todos los días.
Un hallazgo creativo que rompe moldes
El gran acierto estético de la obra es haber entendido que la verdadera vanguardia hoy consiste en volver a lo esencial. La edición dinámica pero texturada, que dialoga directamente con la mística del cine independiente y el registro casero de la vieja escuela del hip-hop, funciona como el envoltorio perfecto para un mensaje que se siente urgente.
«La honestidad no se puede fingir en el estudio de grabación, y esta obra demuestra que el Peke 77 sigue hablando el mismo idioma que su gente.»
Con este lanzamiento, el exponente de Montes de Solymar le recuerda a la escena urbana que la trascendencia no se compra. Al desnudarse creativamente ante su público y mostrar los hilos de su cotidianidad, el artista entrega una de sus piezas más maduras, crudas e inspiradoras, consolidando su posición como un autor que no necesita vestirse de gala para demostrar su enorme peso cultural.











