La Muralla Colonial de la Punta Chiriquí, un baluarte histórico situado en el Casco Antiguo panameño, es objeto de una ambiciosa restauración de 5,9 millones de dólares bajo los estándares de la Unesco.
La historia de la ingeniería militar colonial y el pasado francés de Centroamérica se entrelazan en la última gran intervención patrimonial de Centroamérica. Las autoridades panameñas han iniciado una restauración integral de la Muralla Colonial de la Punta Chiriquí, la fortificación erigida en 1673 para proteger el nuevo emplazamiento de la Ciudad de Panamá tras el devastador incendio de la ubicación original.
El monumento se ubica en el Casco Antiguo de la capital, un sitio catalogado como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco. La intervención, licitada por más de 5,9 millones de dólares, comenzó en mayo pasado y avanza a buen ritmo, con una previsión de finalización estimada en dos años.
Un escudo de piedra que asombra por su resistencia
La estructura, popularmente conocida en la actualidad como Las Bóvedas, formaba parte de una red defensiva de avanzada. «Era una ciudad amurallada que tenía un foso alrededor en la parte de tierra. Panamá contaba con todo este sistema de defensa para la protección de la nueva ciudad», detalló a EFE la arquitecta Amber Zambrano, directora de la Oficina del Casco Antiguo.
Los expertos han destacado la sorprendente resistencia de los materiales originales frente al clima tropical y el paso de los siglos:
- Enlucido de cal: La muralla conserva un repello original de cal y arena que se mantiene en un estado de conservación asombroso, presentando apenas afecciones superficiales por microflora.
- Daños modernos: Los deterioros que se están subsanando corresponden en realidad a intervenciones defectuosas realizadas en el siglo XX, y no a la estructura levantada por los ingenieros españoles.
Históricamente, el recinto albergó un cuartel, depósitos de víveres y pertrechos en el siglo XVIII y, en el centro de su baluarte, un inmenso aljibe subterráneo diseñado para almacenar agua de lluvia para soportar eventuales asedios.
El memorial francés: Un nuevo paisajismo para narrar la historia
El proyecto no se limita a las piedras coloniales; abarca también la Plaza de Francia, la antigua plaza de armas que en 1920 fue rediseñada para convertirse en un memorial de homenaje a los miles de obreros e ingenieros franceses que perdieron la vida en el siglo XIX, durante el primer e inconcluso intento por construir el Canal de Panamá.
La restauración contempla la recuperación de las placas de la arcada, el hemiciclo y los bustos de figuras clave de aquella gesta fallida, como el diplomático Ferdinand de Lesseps (artífice también del Canal de Suez), Armand Reclus, Lucien Bonaparte Wyse, León Boyer y Pedro J. Sosa.
«Vamos a tener una Plaza de Francia completamente nueva, con una reformulación de lo que es el área verde para poder narrar de una forma más coherente la historia», concluyó Zambrano.
Avant-Première / EFE










