La cantautora mexicana despide su exitoso proyecto en el Teatro Metropólitan de Ciudad de México, tras una gira internacional atravesada por la maternidad, el renacer artístico y su reflexión sobre la trascendencia en la música.
Ciudad de México — A Natalia Lafourcade le tomó 42 años abrazar sus «múltiples facetas» y perderle el miedo a la transformación. Se trata de un proceso vital y creativo que transitó en cuerpo y alma durante los casi dos años de la gira de su álbum ‘Cancionera’ (2025), una etapa en la que experimentó una profunda metamorfosis personal al convertirse en madre por primera vez.
«Por supuesto que hay una muerte: una muere y renace como madre. El parto te parte en dos para que un ser venga de ti, y ese parto conlleva un cambio de piel», expresó la artista mexicana en entrevista con EFE, tras haber atravesado los cambios del embarazo y el parto en pleno recorrido internacional.
Lafourcade reconoció que afrontar los conciertos mientras su cuerpo y sus hormonas se adaptaban a la maternidad implicó «momentos muy duros», un proceso de reajuste físico y emocional que aún continúa y que no descarta que se convierta en la semilla de sus próximas canciones.
El cierre de ‘Cancionera’ y el valor de ir a contracorriente
El proyecto ‘Cancionera’, con el que rinde homenaje a sus orígenes y a sus viejos alter egos, ha sido disfrutado por más de 200.000 espectadores alrededor del mundo. Su ciclo llegará a su fin con dos conciertos de despedida los próximos 11 y 12 de octubre en el Teatro Metropólitan de la Ciudad de México, tras una escala previa por Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Honduras y Puerto Rico.
«‘Cancionera’ trajo a la luz mis múltiples posibilidades como artista, el entendimiento de que no soy una en particular, sino que tengo la posibilidad de transformarme constantemente», destacó sobre esta etapa.
En una industria musical dominada por la inmediatez y las tendencias efímeras, la ganadora del Grammy reafirma su compromiso de avanzar «despacio y con calma», guiada por una búsqueda espiritual vinculada al presente y a la función social de la canción.
Inspirada por figuras históricas de la música latinoamericana como Víctor Jara, Mercedes Sosa o Violeta Parra, Lafourcade concluye que el oficio del artista cobra sentido en la comunidad: «He entendido que no soy un ser individual en esta tierra. Soy parte de una naturaleza y de un orden. En esa realidad, el cancionero sirve al mundo con su música».









