“Cuando piso Uruguay, me pongo a llorar”, confiesa Natalia Figueroa, la escritora que convierte la historia de su familia en una potente exploración del exilio, la identidad y las raíces afroindígenas.
Para Natalia Figueroa Barroso, el vínculo con Uruguay está atravesado por la emoción y la memoria. La escritora australiana-uruguaya utiliza su obra como un puente para reconectar con su pasado familiar y entender sus orígenes. Hija de emigrantes que abandonaron el país durante la dictadura militar (1973-1985), ha construido una trayectoria marcada por el desarraigo, la reconstrucción y la necesidad de dar voz a historias silenciadas.
Sus padres llegaron a Sídney tras sufrir persecución política: su madre emigró debido a la actividad militante de su entorno familiar, mientras que su padre fue detenido durante varios días por retirar propaganda política de las calles. A esa historia se suma la de sus abuelos paternos, de origen afroindígena, que buscaron en Australia una comunidad donde escapar del racismo experimentado en Uruguay. “Vinieron con una valija, una olla, un sartén y poco más”, recuerda sobre aquel comienzo en barrios populares.
Aunque nació en Australia, Figueroa pasó parte de su infancia en Montevideo antes de regresar definitivamente siendo niña. Esa experiencia marcó su identidad de forma permanente: “siempre me sentí inmigrante, aunque nací acá”, explicó en una entrevista con EFE.
Del exilio familiar a la escritura
En 2024 publicó su primera novela, Hailstones fell without rain (Granizos cayeron sin lluvia), que ha recibido elogios de medios internacionales como The Guardian. La crítica la describe como una obra “exuberante” que celebra la conexión entre tres generaciones de mujeres uruguayas —Grachu, Rita y Chula—, saltando entre el presente en Sídney y el pasado en Uruguay durante la dictadura.
Según el prestigioso medio, la novela no solo explora el trauma y el dolor, sino que también propone la alegría como una forma de resistencia. Su estilo se destaca por mezclar el lirismo del español con el dialecto urbano de Sídney, evocando influencias que van desde Isabel Allende y Gabriel García Márquez hasta el drama de las telenovelas.
En su diálogo con EFE, la autora profundizó en los ejes de su obra: la memoria histórica, abordada desde una perspectiva íntima y familiar; las raíces afroindígenas, con foco en identidades y saberes invisibilizados en los relatos oficiales; y la reconstrucción colectiva, como una forma de acercarse a tradiciones históricamente ignoradas.
Una obra que cruza memoria y generaciones
Lejos de los circuitos literarios tradicionales, Figueroa compagina su carrera con un trabajo en el sector de la construcción en Australia, con jornadas de hasta doce horas diarias. Para la autora, ese entorno también alimenta su mirada: “ahí también hay poesía, hay filosofía”, sostiene.
Además de su novela, ha publicado el ensayo A guide to the colonisation of my mother tongue (Guía de la colonización de mi lengua materna), estudiado en ámbitos académicos internacionales. Actualmente trabaja en una nueva novela con elementos distópicos y participará en mayo en el Festival de Escritores de Sídney.
Avant-Première con información de EFE










