La montaña más alta de Grecia y epicentro de la mitología clásica defiende una candidatura doble —cultural y natural— ante el Comité del Patrimonio Mundial en la cumbre que arranca este lunes en Corea del Sur.



El mítico hogar de los doce dioses del panteón helénico se prepara para un reconocimiento histórico. El monte Olimpo, la cumbre más alta de Grecia, aspira a ser incorporado de forma oficial en la Lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la Unesco. La decisión final se tomará durante la 48ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial que se celebrará desde este lunes 20 hasta el 29 de julio en la ciudad costera de Busán, en Corea del Sur.
La propuesta defendida por el Gobierno griego busca una declaración bajo la categoría mixta, es decir, reconociendo tanto su incalculable valor cultural como su biodiversidad natural. A lo largo de sus laderas, la historia, el mito y una riqueza ecológica excepcional se funden en un espacio que ha cautivado a la humanidad durante milenios. Según el expediente de la candidatura, sus senderos antiguos, santuarios sagrados y monumentos bizantinos constituyen testimonios únicos de la presencia y devoción humana en un entorno geográfico tan inhóspito como majestuoso.
Un santuario de biodiversidad y arqueología
Con una imponente altitud de $2.918\text{ metros}$, el Olimpo ostenta un historial de protección ambiental de larga data:
- En 1938 se convirtió en el primer Bosque Nacional de Grecia.
- En 1981 fue declarado Reserva de la Biosfera por la propia Unesco.
- En 2021 fue blindado bajo la categoría jurídica de Parque Nacional mediante un decreto presidencial.
En términos ecológicos, la montaña es un ecosistema único en el Mediterráneo: funciona como hábitat para unas 1.700 especies y subespecies de plantas (lo que equivale al 25% de la flora total de Grecia) y alberga 26 variedades endémicas, la mayor concentración botánica registrada en una sola cordillera helena.
A los pies de sus cumbres donde la mitología situaba el trono de Zeus controlando los destinos humanos, se extienden yacimientos arqueológicos con más de 3.000 años de antigüedad que justifican el peso cultural de la candidatura.
Dion y Leivithra: el eco de los reyes y Orfeo
En la falda oriental del macizo se localiza el parque arqueológico de Dion (cuyo nombre rinde tributo a Zeus en griego), una antigua residencia de verano de los reyes de Macedonia. El yacimiento destaca por la forma en que los restos de teatros helenísticos, termas romanas y los santuarios dedicados a deidades como Isis, Deméter y el propio Zeus se entrelazan de manera natural con riachuelos y lagunas. Uno de sus mayores tesoros es la Villa de Dioniso, que resguarda un famoso y monumental mosaico del siglo II d.C. que retrata al dios del vino sobre un carruaje tirado por panteras marinas.
A escasos kilómetros hacia el norte, la historia cede el paso a la leyenda en la antigua ciudad de Leivithra. Los textos mitológicos sitúan en este punto el nacimiento y la sepultura de Orfeo, el célebre músico y poeta de la antigüedad. Los visitantes y científicos pueden apreciar allí los vestigios de una acrópolis fortificada y los lienzos de las murallas defensivas levantadas en el siglo V a.C. por el rey Arquelao, además de necrópolis micénicas. El comité de la Unesco determinará en los próximos días si este cruce perfecto entre naturaleza indómita, historia macedonia y mitología clásica es finalmente consagrado con el máximo estatus patrimonial del planeta.
Avant-Première / EFE










