En 2012, Steven Spielberg retrata los últimos meses de Abraham Lincoln en la lucha por abolir la esclavitud. Un drama histórico con Daniel Day-Lewis que combina política, ética y emoción. Nos regaló una obra que trasciende el género del drama histórico: Lincoln.
Con la interpretación magistral de Daniel Day-Lewis, la película nos transporta a los últimos cuatro meses de vida del presidente Abraham Lincoln, en un Estados Unidos desgarrado por la Guerra Civil. Pero más allá de las batallas, el verdadero campo de lucha es político y moral: la aprobación de la Decimotercera Enmienda, que aboliría la esclavitud para siempre.
La trama se centra en un Lincoln que, consciente de que la paz podría llegar antes de que la enmienda sea votada, se enfrenta a un dilema monumental: ¿cómo asegurar que la libertad no sea una promesa efímera, sino un derecho constitucional? Entre negociaciones tensas, alianzas inesperadas y la resistencia de quienes temen perder privilegios, la película muestra el pulso de un líder que combina pragmatismo político con una visión ética inquebrantable.
Spielberg, con guion de Tony Kushner inspirado en Team of Rivals de Doris Kearns Goodwin, construye un relato que no es solo biográfico, sino un espejo de las tensiones que aún resuenan en la sociedad contemporánea. La música de John Williams y la fotografía de Janusz Kamiński refuerzan la atmósfera solemne, mientras que Tommy Lee Jones y Sally Field aportan intensidad a un elenco coral que da vida a los debates parlamentarios como si fueran batallas épicas.

Lincoln no es una película para ver pasivamente; es una experiencia que nos invita a reflexionar sobre el poder de las palabras, la fragilidad de la democracia y la persistencia de los ideales. Al comprender su trama, el espectador se convierte en testigo de cómo la política puede ser un acto de valentía y cómo el cine puede transformar la historia en emoción palpable.










