Cerca de 180 duplas, integradas principalmente por padres e hijos, descendieron por las empinadas calles de la sede de Gobierno boliviana en el marco de las celebraciones por las fiestas julias.
La velocidad, el ingenio artesanal y la unión familiar se apoderaron nuevamente de las laderas de La Paz. Cerca de dos centenares de duplas participaron este domingo en la XXV edición de la Carrera de Cochecitos sin Motor, una de las tradiciones urbanas más representativas y queridas de la capital administrativa de Bolivia.
Organizada por la Alcaldía de La Paz, la prueba contó oficialmente con 152 inscritos, aunque la masiva llegada a último minuto de competidores no registrados elevó la cifra estimada a 180 bólidos en competencia, según confirmó la directora Municipal de Deportes, Mickaela Gonzales.
El evento se enmarcó dentro del programa oficial de festejos por los 217 años de la gesta libertaria de La Paz (conmemorados el pasado 16 de julio). Esta competencia, cuyos orígenes informales se remontan a la década de 1950, fue declarada oficialmente Patrimonio Cultural e Inmaterial del Municipio de La Paz en 2016.



Categorías para todas las edades y materiales
La convocatoria estuvo dirigida fundamentalmente a niños a partir de los 6 años, quienes debían competir acompañados por un copiloto o apoyo mayor de 16 o 18 años, dependiendo del tipo de vehículo empleado:
- Categoría ‘Chitis’ (pequeños en aimara): Para niños de 6 a 10 años con copilotos mayores de 18 años. Utilizaron bólidos construidos con plataformas de plástico o fibra de vidrio y neumáticos de goma o plástico.
- Categorías A y B: Para competidores de 6 a 12 años con acompañantes mayores de 16 años. La categoría A agrupó a los tradicionales «cacharros» de plataforma de madera y rodamientos de metal, mientras que la B incluyó construcciones artesanales con motivos alegóricos.
- Categoría C: Modalidad libre tanto en edad como en las especificaciones técnicas del vehículo.
Creatividad, disfraces y adrenalina familiar
El vertiginoso circuito inició en la avenida Quintanilla Suazo, en la populosa zona de Villa Victoria (al noroeste de la urbe). Desde allí, los cochecitos impulsados únicamente por la gravedad descendieron a gran velocidad por las inclinadas pendientes paceñas hasta conectar con las avenidas Montes y Mariscal Santa Cruz, en pleno centro histórico.
A lo largo del trayecto, el público apostado en las aceras animó a los pilotos, muchos de los cuales lucieron disfraces coordinados —desde dúos de Mario y Luigi hasta Buzz Lightyear y Jessie—. La reglamentación de la Alcaldía exigió el uso obligatorio de casco protector para todos los menores.
Entre las historias de la jornada destacó la de Gerson Nina Callisaya, quien compitió en un coche de metal soldado junto a su pequeño hijo tras haber participado en cuatro ediciones anteriores con su hermano.
«La idea es participar en familia, porque es una actividad muy bonita, te diviertes a lo largo del camino, la gente te grita, te apoya. Hay más conexión con el hijo o con la persona que quieras, porque le gritas para que vaya a la izquierda, o a la derecha», relató Nina.
Avant-Première / EFE











