La trigésimo sexta edición del evento literario más importante de la región inauguró sus jornadas marcada por la exclusión de históricos espacios de venta no estatales, reflejando el fuerte control ideológico y la asfixia administrativa que sufre el tejido cultural de la isla.
La Feria del Libro de Hong Kong inauguró este miércoles una nueva edición bajo una sombra de fuerte controversia. El principal escaparate editorial del territorio abrió sus puertas marcado por la exclusión forzada de dos reconocidas librerías independientes, una decisión que evidencia el creciente cerco sobre los contenidos culturales incómodos en la región mediante vetos, detenciones por supuesta sedición y una asfixiante presión administrativa.
Organizada por el Consejo de Desarrollo Comercial de Hong Kong con el lema «Legado cultural, viajes de alegría», esta entrega de la feria reúne a unos 700 expositores de una treintena de países y tiene previsto desarrollar unas 600 actividades literarias hasta el próximo 21 de julio. Sin embargo, a pesar de la fachada festiva y la promoción del hábito de la lectura, el evento ha quedado definido por los notorios vacíos de los sellos y comercios críticos que solían participar.
Desde la entidad promotora justificaron el veto de este año argumentando la necesidad de aplicar un cumplimiento estricto del marco legal que rige actualmente en el territorio.
Persecución a la «resistencia blanda»
Las firmas afectadas por esta drástica medida son Elmbook, un espacio activo desde finales del siglo pasado y que acaba de anunciar el cese definitivo de su local físico, y Luckwin, una emblemática tienda con cuatro décadas de trayectoria que en la edición anterior de la feria llegó a gestionar 22 mostradores de venta. Ambas librerías fueron blanco en meses recientes de agresivas campañas en medios oficialistas, donde se las acusaba de distribuir libros críticos con los gobiernos de Pekín y de Hong Kong, además de promover lo que el régimen denomina «resistencia blanda».
A esta exclusión se suma el inminente final de Have a Nice Stay, un refugio para lectores fundado hace dos años por cinco periodistas desempleados tras la clausura de medios independientes en la región, que cerrará sus puertas definitivamente en agosto por la inviabilidad financiera de sostener el proyecto bajo las actuales presiones. Sus fundadores reconocieron las insalvables dificultades de operar ante «líneas rojas» normativas sumamente difusas y el temor constante a ser sancionados por el contenido de cualquiera de sus miles de volúmenes.
La inseguridad del sector cultural no ha parado de crecer en el último año. En marzo, las autoridades detuvieron a Pong Yat-ming, vinculado a la librería Book Punch, y tres meses después a Leticia Wong, propietaria de Hunter, ambos bajo investigaciones por supuesta sedición debido a la comercialización de publicaciones sobre Jimmy Lai, el magnate de medios prodemocráticos que hoy se encuentra encarcelado por motivos de seguridad nacional.
La presión gubernamental no se limita a las detenciones de carácter penal. Durante el último trimestre, al menos media docena de librerías y espacios culturales de la ciudad han sido objeto de sorpresivas auditorías fiscales, denuncias anónimas sistemáticas y diversas trabas burocráticas orientadas a impedir la renovación de sus permisos de funcionamiento o la continuidad de sus contratos de alquiler.
Avant-Première / EFE








