Durante su investidura como doctora honoris causa en España, la célebre autora de El cuento de la criada alertó sobre el avance de la censura escolar y el ataque sistemático a las carreras de humanidades.

El avance de la censura literaria en Occidente encendió las alarmas de una de las voces más influyentes de las letras contemporáneas. La escritora canadiense Margaret Atwood advirtió sobre el drástico incremento de la cancelación de obras en países como Estados Unidos, una nación que supo posicionarse como un faro de libertad global durante los años de la Guerra Fría. La novelista aseguró de forma categórica que nunca antes en la historia moderna se habían prohibido tantos libros y autores dentro de las bibliotecas públicas y las escuelas norteamericanas como en la actualidad.
Estas declaraciones formaron parte de su discurso de agradecimiento tras ser investida doctora honoris causa por la Universidad de Granada, en el sur de España. Durante el acto académico, la autora de ‘Los testamentos’ criticó con dureza el comportamiento de ciertos partidos políticos que defienden fervientemente la libertad de expresión mientras se encuentran en la oposición pero que, una vez que logran acceder al poder institucional, promueven severas restricciones legales y ejercen fuertes presiones sobre los medios de comunicación independientes. En esa misma línea, la intelectual afirmó que los profesores de humanidades se encuentran hoy bajo un verdadero asedio en las universidades de Norteamérica, donde sus materias son marginadas y tachadas de no esenciales frente al rápido cambio tecnológico y la innovación científica.

Atwood realizó una encendida defensa del rol de las disciplinas humanísticas, subrayando que son estas áreas del conocimiento las que enseñan a las sociedades a pensar, a crear y a comprender la diversidad de quienes son diferentes. La novelista sostuvo que resulta vital que los individuos conserven intacta la capacidad de cuestionar sus propias certezas, advirtiendo que una civilización que pierde la lucidez para analizar y poner en duda sus suposiciones se dirige de manera directa hacia el precipicio. Para ilustrar su preocupación, recordó que el régimen totalitario retratado por George Orwell en su célebre novela ‘1984’ buscaba consolidar el control absoluto eliminando del lenguaje cotidiano cualquier término que permitiera formular una opinión crítica, sembrando la duda sobre si la inteligencia artificial terminará desempeñando un papel similar al de aquella policía del pensamiento.
La autora enmarcó la crisis de las humanidades dentro de un contexto internacional complejo al que definió como una tormenta perfecta de problemáticas simultáneas, haciendo alusión a la inestabilidad económica global, los conflictos bélicos en Ucrania, Gaza e Irán, y la acelerada degradación del medioambiente. Sobre este último punto, manifestó su profunda preocupación por la extinción masiva de especies y la destrucción de los hábitats marinos que proveen el oxígeno planetario, sumando a las alertas los altos niveles de endeudamiento público y el riesgo de hambrunas globales, factores que históricamente precedieron a grandes quiebres de inestabilidad social como la Revolución Francesa.








