Una mujer que trabajó durante dos décadas en el entorno de Giuseppe Cipriani brindó una entrevista al diario italiano «Il Fatto Quotidiano« para denunciar un sistema de explotación y «favores» en la finca Gin Tonic, en La Barra. La testigo decidió revelar su identidad ante la prensa para dejar de ser un testimonio anónimo más. En su testimonio, identifica a Nicole Minetti como «La Madama» de una red de fiestas con jóvenes extranjeras, desmiente su supuesta «nueva vida» asegurando que una niñera uruguaya cuidaba al menor adoptado y solicita protección oficial para declarar ante la Justicia debido al temor a represalias de un entorno que define como «intocable».
La investigación internacional sobre la estancia de Nicole Minetti en Uruguay sumó el testimonio directo de Graciela Mabel De Los Santos Torres. La masajista de 46 años decidió romper el silencio tras leer una noticia reciente sobre una empleada de Cipriani en Nueva York que fue despedida tras denunciar acoso, un patrón en el que se sintió identificada. «Me decidí porque esa chica podía ser mi hija… se me partía el corazón al ver a las jóvenes terminar en manos de esos hombres poderosos», declaró la testigo, quien entregó al medio italiano chats, audios y mapas detallados de la propiedad.
Bungalows ocultos y la logística del «sistema»
Según el relato de De Los Santos, la finca «Gin Tonic» en La Barra funcionaba bajo un sistema de «rotación» de mujeres. Describió la llegada constante de jóvenes desde Brasil, Argentina e Italia, muchas de ellas en vuelos privados. Para respaldar su testimonio, la ex empleada aportó mapas con la ubicación exacta de los bungalows situados entre la vegetación de la finca, diseñados para no ser visibles desde el exterior. También detalló la existencia de un salón de belleza privado dentro de la casa principal donde preparaban a las chicas antes de las cenas.
Un punto central de la entrevista con Il Fatto Quotidiano es la mención a una presunta red de corrupción migratoria. La ex empleada afirmó que se entregaban «cuponeras» de masajes gratuitos a funcionarias de Migraciones para facilitar el ingreso de las jóvenes o para modificar los registros de entrada y salida en los pasaportes. Según Graciela, estas funcionarias asistían a su domicilio particular para recibir los tratamientos, lo que permitía que el flujo de personas operara fuera de los registros oficiales. Además, aseguró que la red no se limitaba a Uruguay, sino que algunas jóvenes eran enviadas posteriormente a destinos como Dubái y Nueva York.
El rol de «La Madama» y la situación del menor
Sobre Nicole Minetti, la testigo aseguró al cronista italiano que su imagen de madre dedicada a la crianza no coincidía con lo que ella observaba en la finca. Según el relato, las jóvenes se referían a ella como «La Madama» o «La Diputada». Minetti se encargaba de seleccionar a las chicas, supervisar su vestimenta y controlar su preparación estética antes de las cenas con empresarios y políticos. «Era fría y calculadora; cuando ella llegaba, el clima entre las chicas se volvía de miedo«, relató.
Además, la declaración sostiene que la verdadera encargada del hijo de Minetti era una niñera uruguaya llamada Fátima, quien convivía con el niño las 24 horas del día. «Para establecer si Minetti cambió de vida, hay que mirar qué hizo en Uruguay en los últimos 15 años«, señaló la testigo. En su relato, también mencionó el caso de una joven brasileña que hoy se encuentra alejada de ese entorno, pero que habría llegado a la finca a los 15 años en un contexto de vulnerabilidad y consumo de sustancias.
El quiebre de la relación laboral se produjo cuando, según la denunciante, Giuseppe Cipriani comenzó a exigirle masajes de índole sexual y sexo oral. Al negarse, asegura haber sido sustituida de inmediato por otra profesional. Sobre el rol de Minetti en ese momento, la testigo fue tajante: «Nicole Minetti estaba allí, presente e indiferente«. Graciela explicó que conservó pruebas de este hostigamiento, incluyendo chats enviados a la mano derecha del empresario donde protestaba por las exigencias de su jefe. Aunque en su momento aceptó un pago por desvinculación bajo reserva, decidió hablar ahora para romper el silencio sobre un entorno que califica como «protegido e intocable».
La testigo enfatizó que su declaración formal ante los magistrados depende de la obtención de protección oficial para declarar. Manifestó sentir temor por el peso de las figuras involucradas en Uruguay, reportando haber detectado movimientos sospechosos cerca de su hogar tras las primeras revelaciones. «No bebo, no me drogo, trato de vivir con equilibrio. No sé qué pasará conmigo ahora, está claro que tengo miedo a represalias. Pero pienso que si hablo yo primero, otras encontrarán el coraje de hacerlo«, concluyó la denunciante, refiriéndose a su intención de ser la primera del entorno local en testificar judicialmente para que otras víctimas se animen a declarar.
Semanario La Prensa con información de Il Fatto Quotidiano.
Descubre más desde Semanario La Prensa
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.























