Por Gerardo Debali, enviado especial Acapulco, México — Semanario La Prensa. Lo que comenzó como una jornada más de competencia y convivencia en el Mundial de Footgolf que se disputa en Acapulco terminó dejando una experiencia inolvidable para varios integrantes de la delegación uruguaya, quienes vivieron en primera persona el sismo de magnitud 5.2 registrado este viernes en la costa mexicana. Afortunadamente, el fenómeno tuvo una duración de apenas unos segundos y no provocó consecuencias para los integrantes de la delegación, que continuaron con sus actividades con total normalidad una vez superado el momento de incertidumbre.
Una de las primeras en percibir el movimiento fue Marcela Rivero, esposa de Sebastián Bilche (ambos de Pan de Azúcar) quien se encontraba en la piscina del hotel, descansando en una reposera junto a su amiga Mariana cuando sintió un inesperado sacudón.
“Pensamos que alguien nos estaba moviendo la reposera desde atrás”, relató. Sin embargo, al mirar no encontraron a nadie. Segundos después volvieron a sentir el movimiento, lo que aumentó la confusión. Lo más llamativo para ellas fue que a su alrededor las personas continuaban actuando con absoluta normalidad, sin aparentar haber notado nada extraño. “Fue una sensación muy rara”, recordó. Recién más tarde pudieron confirmar que aquello que habían sentido había sido efectivamente un sismo.
Una experiencia diferente vivió sus esposo, Sebastián, representante uruguayo en el certamen mundialista. El deportista se encontraba sentado en el suelo junto a un compañero de selección, en una zona próxima al campo de juego, mientras aguardaban la salida de otra categoría. Desde esa posición logró percibir claramente el movimiento de la tierra. Incluso encontró una confirmación inmediata al observar unos bidones de agua cercanos.
“Se veía perfectamente cómo se movía el agua en los bidones”, comentó, señalando que el temblor resultó mucho más evidente para quienes estaban sentados o apoyados directamente sobre el suelo. Según explicó, muchas de las personas que permanecían de pie apenas llegaron a notarlo.
El periodista Gerardo Debali también compartió lo ocurrido en el entorno de la delegación. Curiosamente, él no sintió absolutamente nada mientras se encontraba en la cocina de un terecer piso. Sin embargo, su esposa Rosana, a escasos 5 metros, sí percibió claramente el fenómeno mientras estaba sentada a la mesa.
Según relató, todo comenzó con una fuerte vibración en las ventanas. “Pensé: qué raro este viento”, recordó. Sin embargo, instantes después advirtió que tanto la mesa como el piso comenzaban a moverse, comprendiendo entonces que se trataba de un sismo. Fueron segundos de miedo e incertidumbre. “Llegamos a pensar en bajar del edificio con lo puesto”, comentó. Afortunadamente, el movimiento cesó rápidamente y, tras el susto inicial, la situación volvió a la normalidad.
Las anécdotas continuaron con los testimonios de trabajadores mexicanos del hotel donde se aloja parte de la delegación. Un par de jóvenes funcionarios comentaron que, durante el sismo, se escuchó un fuerte ruido proveniente del mar, similar a una explosión.
Por su parte, residentes de la ciudad explicaron que Acapulco está acostumbrado a convivir con este tipo de fenómenos naturales. Incluso señalaron que la región ha experimentado sismos de hasta 7 grados de magnitud. Según indicaron, la geografía montañosa que rodea la ciudad contribuye a amortiguar parte de los efectos de los movimientos telúricos, una situación diferente a la que suele registrarse en otras zonas de México, especialmente en la capital del país.
Más allá del susto inicial y de las diferentes formas en que cada uno experimentó el fenómeno, el balance fue positivo. El sismo duró apenas unos segundos, no generó inconvenientes para la delegación uruguaya y permitió a muchos vivir una experiencia tan inesperada como difícil de olvidar durante su estadía en tierras mexicanas.

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