El Comando Central estadounidense atacó más de 80 objetivos en el estrecho de Ormuz acusando a la República Islámica de violar la tregua. Pocas horas después, la Guardia Revolucionaria contraatacó con misiles y drones contra instalaciones de EE.UU. en Baréin y Kuwait. Ambos países se culpan mutuamente de quebrar el alto el fuego en una escalada que sacude a la región.
Oriente Medio ha entrado en una peligrosa fase de conflicto abierto tras el colapso en la práctica del acuerdo de alto el fuego permanente que ambos países mantenían desde el pasado 17 de junio. En una violenta sucesión de ataques y contraataques iniciada durante la madrugada, tanto Estados Unidos como Irán ejecutaron ofensivas a gran escala en la región y se acusaron mutuamente de violar los acuerdos de paz vigentes.
La jornada comenzó con una masiva incursión del Comando Central de Estados Unidos (Centcom), que bombardeó más de 80 objetivos con munición de precisión en la costa sur de Irán y destruyó unas 60 pequeñas embarcaciones de la Guardia Revolucionaria. Washington justificó su accionar denunciando que Teherán había cometido una «clara violación del alto el fuego» al agredir previamente a tres buques comerciales —entre ellos un petrolero saudí y un gasero catarí— en el estratégico estrecho de Ormuz.
En paralelo a las acciones militares, el Departamento del Tesoro de EE.UU. retiró el alivio temporal que le había concedido a Teherán para operar con su petróleo dentro del marco de entendimiento alcanzado en junio, revocando las licencias previas e iniciando un cierre ordenado de dichas actividades.
La respuesta de la República Islámica no se hizo esperar. Pocas horas después de la ofensiva norteamericana, la Guardia Revolucionaria iraní reivindicó el lanzamiento de 85 ataques con misiles y drones contra importantes instalaciones militares de Estados Unidos en países vecinos del Golfo Pérsico.
Según informó la agencia estatal IRNA, los proyectiles de las fuerzas navales y aéreas persas alcanzaron la base de la Quinta Flota estadounidense en Baréin y la base aérea Ali Al-Salem en Kuwait, en lo que calificaron como una «respuesta inicial» a la agresión de Washington y una «violación clara» del alto el fuego por parte de EE.UU.
Aunque los altos mandos de EE.UU. no han emitido comentarios oficiales, el Ejército de Kuwait confirmó la intercepción de misiles en su espacio aéreo y notificó varias explosiones. Por su parte, el Ministerio del Interior de Baréin activó las sirenas de emergencia e instó a la población a dirigirse a los refugios más cercanos ante la gravedad de la situación.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán rechazó tajantemente los argumentos de la Casa Blanca y denunció que el bombardeo estadounidense constituyó una «violación clara del Memorando de Entendimiento«. Según reportes locales, la ofensiva norteamericana dejó varias personas heridas por metralla en el condado de Sirik y provocó incendios que calcinaron embarcaciones en puntos estratégicos como la isla de Qeshm y la ciudad costera de Bandar Abbas. La crisis obligó al presidente iraní, Masoud Pezeshkian, a abandonar de urgencia una visita oficial en Irak para regresar a Teherán.
Desde el plano político, el cuerpo militar persa vinculó el momento del ataque estadounidense con el multitudinario cortejo fúnebre del difunto líder supremo Alí Jameneí. Según la Guardia Revolucionaria, Washington buscaba de manera intencionada eclipsar este acontecimiento histórico que congrega a miles de seguidores en Irak.
Con este cruce masivo de bombardeos en pleno alto el fuego, el estrecho de Ormuz y el Golfo Pérsico vuelven a quedar sumergidos en una disputa militar directa que amenaza con desestabilizar por completo los corredores comerciales y energéticos globales.
Semanario La Prensa / EFE
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