Lo que nació con fallas estructurales hace más de una década, hoy alcanza un punto crítico. Estudiantes y docentes sindicalizados denuncian inundaciones en estudios audiovisuales, peligro de electrocución y la posible pérdida de equipos valuados en más de 100.000 dólares. AFUTU resolvió dejar de dictar clases en los sectores afectados.
El Polo Educativo Tecnológico (PET) Arrayanes de UTU se encuentra en estado de alerta roja. Lo que para las autoridades parece ser una contingencia climática más, para la comunidad educativa es la «crónica de un desastre anunciado» que data desde la propia fundación del centro. Este jueves, alumnos se comunicaron con Semanario La Prensa para denunciar que, tras la última tormenta, el agua volvió a ganar terreno dentro del edificio, afectando áreas vitales para las carreras de audiovisual.
«Con la tormenta del otro día, se nos inundó el estudio y los salones donde se dicta el bachillerato y la tecnicatura audiovisual. Lamentablemente no es la primera vez que pasa», subrayaron los estudiantes, quienes manifestaron una profunda preocupación no solo por el deterioro material, sino por la integridad física de quienes habitan el centro: «Corren peligro la seguridad de los estudiantes y profes, así como los equipos que usamos para las prácticas».
AFUTU: «Punto final» a la inoperancia
Ante la gravedad de los hechos, el núcleo sindical de AFUTU Arrayanes emitió una dura carta pública con fecha 18 de marzo, declarando la EMERGENCIA EDILICIA. El sindicato denunció que el agua ingresó al estudio principal, a la sala de informática y edición, y al depósito donde se resguardan más de cien mil dólares en equipamiento de video, iluminación y sonido.
La misiva es tajante al señalar que esto no es producto de un fenómeno climático extraordinario, sino de la «absoluta precariedad» que el edificio registra desde hace más de 10 años. Según los trabajadores, los techos de chapa carecen de canalizaciones pluviales y sistemas de desagote, convirtiendo los salones en espacios insalubres.
«Se acumulan informes, fotos, pedidos y la inoperancia y desidia sigue siendo la respuesta. Hoy como trabajadores ponemos punto final a esta situación», sentencia el comunicado. Como medida inmediata, AFUTU resolvió no dictar más clases ni prestar equipos en los espacios que no garanticen condiciones arquitectónicas seguras.
Un edificio «nuevo» que nació viejo
La problemática de UTU Arrayanes no es una novedad para las páginas de este semanario. Desde el año 2015, referentes e idóneos en la materia ya advertían a semanario La Prensa que la escuela «estaba mal hecha». A pesar de ser una construcción nueva, las patologías constructivas han sido una constante.
En abril de 2018, este medio ya informaba sobre un conflicto similar. En aquel entonces, personal docente y no docente denunciaba el «deplorable estado» de la institución. Ya en ese año, gente contratada por CODICEN nos alertaba: «Vayan a ver la UTU Arrayanes, el edificio se cae a pedazos». En su momento, las autoridades de la época reconocieron los inconvenientes aunque minimizaron los reclamos, sosteniendo que los problemas se «iban sobrellevando».
El historial de la «mala gestión»
Resulta inevitable trazar un paralelismo con otras obras públicas de la zona construidas o restauradas bajo gobiernos del Frente Amplio, que han presentado fallas similares. Como mencionamos en notas históricas de este medio (como el caso de la reja del Liceo de Piriápolis o las deficiencias en la Escuela 52, que pusieron un techo nuevo y al poco tiempo se les voló, la Escuela de La Capuera, la Escuela de Playa Verde, o las viviendas cáscaras de Pueblo Obrero), la UTU Arrayanes parece ser otro monumento a la mala ejecución de los recursos públicos.
Mientras se gastaban cifras exorbitantes en malas y superficiales reformas en otros centros, Arrayanes sufría —y sufre— la falta de una inversión estructural seria que solucione las filtraciones desde la raíz.
Intervención de ANEP
En horas de la tarde de este jueves, se supo que autoridades de la ANEP se comunicaron con el sindicato para interiorizarse en el tema. Si bien el acercamiento es visto como un paso necesario, los estudiantes y docentes exigen soluciones definitivas y no «parches» que se laven con la próxima lluvia.
La comunidad educativa de Arrayanes ha sido clara: si se pretende una educación pública de calidad, la inversión debe reflejarse en techos que no se lluevan y en la protección de los costosos materiales que, con esfuerzo de toda la sociedad, fueron adquiridos para la formación de los futuros profesionales del país.
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