Un repaso por las páginas más oscuras de la pelota: el control de Mussolini en Italia 1934, la selección alemana reforzada a la fuerza por la anexión nazi de Austria en Francia 1938, el polémico 6-0 bajo el régimen militar de Argentina 1978 y la invasión del jeque en España 1982.
La jornada de este lunes en la Copa del Mundo de 2026 estuvo marcada por una cadena de hechos que volvió a poner el foco sobre la delgada línea que separa al deporte de la alta política. Todo comenzó a primera hora, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, encendió la polémica al adjudicarse públicamente haber intercedido ante las autoridades del fútbol para destrabar la situación del delantero Folarin Balogun.
“Solicité formalmente una revisión a la FIFA tras conversar con Infantino porque me pareció muy injusta la expulsión”, reconoció el mandatario por la mañana desde la Casa Blanca, en referencia a la tarjeta roja que el goleador estadounidense había visto ante Bosnia y Herzegovina.
Horas más tarde, ya en el correr de la tarde y tras el revuelo mundial que generaron los dichos de Trump, el Comité de Disciplina de la FIFA emitió un extenso comunicado técnico. Sin mencionar al presidente norteamericano, el órgano judicial defendió la habilitación de Balogun para el partido ante Bélgica argumentando una aplicación estricta del Artículo 27 de su código reglamentario, el cual permite dejar una sanción bajo período de prueba.
Aunque el cruce de eventos provocó suspicacias y un fuerte debate mediático a lo largo del día, la historia demuestra que las intervenciones, presiones y llamados de líderes políticos en el fútbol de máxima competencia vienen de largo orden.
Benito Mussolini y los arbitrajes (Italia 1934)
La segunda edición de la Copa del Mundo se celebró en la Italia fascista gobernada por Benito Mussolini, quien ejerció una fuerte presión en la elección de los árbitros que dirigieron a la selección local, notoriamente favorecida en los duelos ante España, las semifinales y la final.
Los partidos contra los españoles fueron dirigidos por los belgas Louis Baert y René Mercet, quienes tras el Mundial terminaron expulsados de por vida por su propia federación. Historiadores demostraron que, días antes de la final, «Il Duce» cenó con el árbitro de ese encuentro, el sueco Ivan Eklind.
“Victoria o muerte”, les había advertido Mussolini a sus jugadores en el vestuario. Italia terminó ganando 2-1 a Checoslovaquia en la prórroga para alzar su primera copa.
Presiones de Hitler y camisas negras (Francia 1938)
En las puertas de la Segunda Guerra Mundial, Adolf Hitler ordenó que los futbolistas austríacos se integraran a la selección alemana, luego de que Austria fuera anexada al territorio germano. Además, obligó al plantel a realizar el saludo nazi antes de cada partido.
En ese mismo torneo, Italia repitió el título, pero jugando con camisas negras por orden directa de Mussolini, como símbolo de sus milicias. Las presiones de «Il Duce» continuaron a través de telegramas con la consigna de «vencer o morir». Italia venció 4-2 a Hungría en la final de París.
Argentina 1978: sospechas en plena dictadura
El Mundial de 1978 se disputó bajo la dictadura militar comandada por Jorge Rafael Videla. El partido más polémico de ese torneo fue el triunfo de Argentina por 6-0 ante Perú en la segunda fase, resultado que dejó afuera a Brasil y clasificó a los locales a la final.
Durante todo el certamen, Argentina contó con la ventaja de jugar en el último turno, sabiendo de antemano qué resultado necesitaba. A casi cinco décadas de aquel episodio, no existen pruebas materiales que demuestren un soborno. Años después, el entonces presidente de la FIFA, Joao Havelange, explicó que el beneficio de los horarios para el local había sido aprobado previamente en un congreso. De todas formas, la FIFA tomó nota del error y, a partir de España 1982, modificó el reglamento para que los partidos decisivos de los grupos se jueguen en simultáneo.
El jeque que bajó a la cancha (España 1982)
Uno de los hechos más insólitos ocurrió en el partido entre Francia y Kuwait. Luego de que el conjunto galo anotara el 4-1, los jugadores kuwaitíes se plantaron argumentando que habían escuchado un pitazo desde la tribuna y que por eso se habían distraído.
Ante la validación del gol, el jeque Fahad al-Ahmed al-Jaber al-Sabah —hermano del emir y presidente de la federación de su país— invadió el campo de juego, amenazó con retirar al equipo del Mundial y obligó al árbitro soviético, Miroslav Stupar, a anular el tanto. El partido se reanudó y Francia terminó ganando de todas formas por 4-1, pero la imagen del dirigente alterando un fallo arbitral quedó para la historia.
Semanario La Prensa / Por Gabriel Briceño Fernández (EFE)
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