Lo raro hubiese sido que no sucediera. Una empresa «constructora» gana una licitación para construir 63 viviendas, 56 cáscara y 7 mas terminadas, cuando nunca levantó una pared en su corta trayectoria. Pero, claro está, la culpa no es de Buresil Construcciones S.A., sino de quienes le «rascan el lomo», de los responsables que le otorgaron las obras a la empresa, en este caso la Intendencia Departamental de Maldonado y el ministerio de Vivienda.
Nos sigue resultando inexplicable como una empresa que jamás tocó un ladrillo, se vea beneficiada con la construcción, nada menos, que de 63 (sesenta y tres) viviendas. Llamativamente esta empresa se fundó en el año 2006 para realizar trabajos de limpieza de terrenos y obras viales. En el año 2012, según expresa su propio sitio web, abrieron una nueva línea de «negocio»: La construcción de viviendas. Oh casualidad, arrancan con las 56 Viviendas Cáscara en Pueblo Obrero (Piriápolis). Cuando cualquier empresa empieza de abajo, con una obrita, dos, ganar confianza e ir creciendo de a poco, Buresil abre la nueva línea de «negocio» y desde el vamos arranca con 56 viviendas.
Mas llama la atención que sus clientes son 4: Intendencia Departamental de Maldonado, Agencia Nacional de Vivienda, Intendencia Departamental de Montevideo y Techint. Sacando a esta última, queda claro que la empresa se creó para contratar con el Estado. Ahora, que hay detrás de esto, «amiguismo», «acomodo», «favores políticos…» no se sabe.
Pero nadie en su sano juicio, menos un organismo del Estado, que supone ser muy exigente con las empresas que contrata, podría otorgar una licitación de 56 viviendas a una empresa que nunca levantó una pared. No entra en la cabeza de nadie.
Los resultados están a la vista. Decenas de las viviendas de Pueblo Obrero tienen filtraciones, humedades, cerraduras y puertas que no cierran, a alguna le entra agua cuando llueve, algunos techos, con los vientos de los últimos días, tienden a desprenderse, incluso, algún revoque también amenaza con caer, se llegaron a poner ventanas al revés, que hubo que sacarlas y volverlas a colocar. Infinidad de detalles, como también los hay en el otro complejo de viviendas, llamado grupo «Son de siete», según relataron los mismos beneficiarios a semanario La Prensa.
Las imágenes, que dicen mas que mil palabras, hablan por sí solas. Las fotos no fueron tomadas por semanario La Prensa, nos llegaron a nuestra mesa de redacción y además fueron publicadas en las redes sociales.
Indignación es lo que seguramente sienten las familias damnificadas, gente humilde, de trabajo, que durante años luchó y soñó con el techo propio y hoy que se les está haciendo realidad, mas que un sueño cumplido, lo que tienen enfrente es un problema por el que además tendrán que pagar…
… con que cara se les podrá cobrar la mensualidad. Se nos ocurre que el gobierno departamental y el ministerio de Vivienda, deberían hacer un «mea culpa» y buscar la forma o de regalárselas o al menos de cobrar un mínimo simbólico por las casas, bueno, con el mayor de los respetos para las familias adjudicadas, deberían regalarles estos «mamarrachos» que hicieron.
Sin ser expertos en construcción, sabemos que una vivienda que arrancó torcida desde los cimientos, después no resulta fácil enderezarla. Sin embargo, desde la intendencia le aseguran a los beneficiarios que estos problemas «son detalles menores».
Desde los adjudicados, que están dispuestos a aceptar las casas como están porque ya no ven la hora de tener su techo en las condiciones que sea, se escuchan frases como «estamos cansados de esperar y de las mentiras… estamos cansados de quejarnos y no hay reacciones, solo mentiras y paseos… nos dijeron una cosa por un lado y después nos cambiaron las versiones»
Les dejamos las imágenes que muestran en forma elocuente las filtraciones y humedades que las afectan, alentando una rápida solución a estos «detalles menores».
Gerardo Debali – Semanario La Prensa
Publicado viernes 12 de setiembre de 2014 hora 00:15











