Como estaba previsto y lo adelantara semanario La Prensa, fue presentada ayer la candidatura oficial del presidente José Mujica al Premio Nobel de la Paz 2014. Nominadores cualificados de nuestro país y del exterior se adhirieron a la campaña impulsada por el Drugs Peace Institute de Holanda para concretar semejante reconocimiento al presidente uruguayo.
A partir de ahora, el Comité Nobel de Oslo examinará los nombres propuestos para el Premio Nobel de la Paz y en un plazo de dos meses recortará la lista, que presentará en el mes de mayo a sus asesores para que profundicen en el conocimiento de cada uno de los candidatos. En el mes de octubre el Comité Nobel Noruego designará, por mayoría simple de sus miembros, a los ganadores del Premio Nobel de la Paz. La ceremonia de entrega del galardón se realiza el 10 de diciembre en Oslo e incluye además un premio económico que alcanza la suma de U$S 1.400.000 (dólares americanos un millón cuatrocientos mil).
Presentación de la candidatura
«Hoy, 31 de enero, el Drugs Peace Institute, fundación Holandesa, ha entregado al Comité Nobel de Oslo la candidatura del presidente José Mujica para el Nobel de la Paz 2014. Políticos y profesores académicos – cualificados para nominar según el reglamento Nobel – de Uruguay y del extranjero, adhirieron con entusiasmo a la nominación» comienza diciendo el comunicado enviado a semanario La Prensa por Frans Bronkhorst, director del mencionado instituto, calificando además al presidente uruguayo como el «Libertador de la Juventud»
“Heroica Uruguay merece un premio Nobel de la Paz …»
«Hace poco escribía el periodista Simon Jenkins en el prestigioso diario britannico The Guardian: “Heroica Uruguay merece un premio Nobel de la Paz para la legalización del cannabis.” «Si bien es cierto que Mujica es hombre del pueblo uruguayo, también hay que notar que tiene una visión de hombre de Estado que mira más allá de los problemas inmediatos que ocupan el quehacer cotidiano del pueblo» señala el comunicado.
Bronkhorst reconoce que «es sabido que la mayoría de los ciudadanos uruguayos entrevistados tienen dudas sobre la legalización de la marihuana, pero no son los únicos, agregando que «hasta la Organización de las Naciones Unidas ha condenado el proyecto, lo que hizo notar a Jenkins “Yo solía pensar que la ONU fue una tertulia inofensiva, con puestos de trabajo libres de impuestos para burócratas desempleados. Ahora me doy cuenta que es un poder para el mal.”

El activista holandés consigna que «efectivamente, la decisión del gobierno del Frente Amplio para que el Estado tomara el control del cannabis y de parar de este modo le Guerra a las Drogas, es un acto político que tiene consecuencias beneficiosas para Uruguay y hasta más allá de sus fronteras donde ha dado esperanzas a centenares de millones de consumidores de cannabis quienes son perseguidos diariamente por este acto inofensivo.
Ha generado además la admiración de pensadores y políticos progresistas quienes hace años se escandalizan con la sórdida política prohibicionista, cómplice del crecimiento de la mafia internacional.
Pero la batalla por el control sobre la producción y la venta de la marihuana solamente es una parte de la problemática de la Guerra a las Drogas. Hay que enfrentar también la realidad del consumo y las razones que llevan a jóvenes y otras almas inquietas a consumir las flores de la marihuana.
Es justamente la alienación que sufre gran parte de la ciudadanía joven la que induce a buscar un escape provisional de la historia oficial, la de la ideología del individualismo y del consumismo.
Absorber el humo de la marihuana es un acto que busca llenar el vacío de espiritualidad que el hombre ha tenido que confrontar a lo largo de la historia humana, señala Bronkhorst.
La revelación de comunidad por encima de la individualidad ha sido el tema recurrente que la marihuana ha enseñado a la humanidad y también la razón de su prohibición histórica. La primera historia escrita, el cuento Épico de Gilgamesh, grabado en arcilla hace más de 3000 años atrás en Babilonia, relata cómo este rey de Uruk truncó la posibilidad de una revelación divina no intermediado por la autoridad, al perder para siempre la planta del rejuvenecimiento espiritual.
Casi mil años después, los sacerdotes judíos, exiliados en la misma Babilonia y adaptando el antiguo cuento, hicieron su dios Jehová prohibir el consumo de “la fruta del árbol del conocimiento del bien y del mal.”
Quedo prohibido el conocimiento fuera de la ideología oficial, prohibición debidamente continuada por el apóstol Pablo y argumento de fe para el beneplácito de la Iglesia Católica a la Guerra a las Drogas.
Con Mujica se acaba la historia oficial
Desde este punto de vista, puntualiza Bronkhorst, la figura de Mujica toma proporciones históricas y hasta antihistóricas. Nunca un soberano ha aprobado el uso de sustancias que cultivan el pensamiento individual para que compita con la ideología oficial del Estado.
Con Mujica se acaba la historia oficial y comienza una era de respeto para con la espiritualidad de la persona, por encima de la razón del Estado y los grupos en el poder que la manejan en interés propio.
Al legalizar la marihuana Mujica sigue en los pasos de Bolívar y San Martin, convirtiéndose en el Libertador de la Juventud enredada por la corrupción de nuestra cultura actual y su expresión más sórdida que es la Guerra a las Drogas.
El Instituto Paz de Drogas ha hecho campaña para la nominación del presidente Mujica a sabiendas que el señor ni siquiera aspira a este premio. Aparte de querer honrar el presidente por su corajosa legislación, la campaña ha sido también una herramienta para unir y hacer escuchar las voces de quienes en el mundo se esfuerzan para que acabe la Guerra a las Drogas.
Temor detuvo a posibles nominadores
El director del Drugs Peace Institute reconoció que muchos posibles nominadores, a pesar de su admiración por Mujica, se abstuvieron de nominarlo por temor ante sus superiores. En este sentido Bronkhorst manifestó que «el camino es largo todavía, explicando que «la misma campaña nos ha enseñado que aunque hay muchísima aclamación y admiración, también es cierto que el temor a repercusiones por parte de autoridades superiores ha detenido a muchísima gente para unir su nombre a esta acción.
Poco importa, dice Bronkhorst, por ahora la Guerra a las Drogas ha sido parada en Uruguay. Viva Mujica! Viva Uruguay! Viva la paz con las drogas, concluye el director del DPI.
¿Quien es Frans Bronkhorst?
El director del Drugs Peace Institute, Frans Bronkhorst, nació en Holanda, pero pasó la mayor parte de su vida fuera de su tierra natal, principalmente en América.
Sobre la defensa del consumo de marihuana que lleva adelante el instituto que dirige, Bronkhorst señaló a semanario La Prensa que «desde joven me di cuenta del carácter religioso del uso de la marihuana y eso fue el motivo porque he ido a estudiar teología en las PUC de Río de Janeiro, donde se enseñaba la teología de liberación.
Algo he aprendido, comenta Bronkhorst, aunque mi visión sobre la importancia psicológica del mensaje de Jesús, cuando nos aconseja de amar a nuestros prójimos y olvidarnos de nosotros mismos, no fue bien recibido por los padres que juran por la fe.
La experiencia estática de la marihuana lleva a un entendimiento del Cristianismo que es compatible con los paradigmas científicos que informan nuestras mentes. De ahí que esta experiencia es justamente considerada medicina del alma y por ende hierba sagrada» concluyó el director, impulsor de la campaña de nominación del presidente Mujica al Premio Nobel de la Paz.
Por Gerardo Debali
Semanario La Prensa (Piriápolis – Uruguay) – semanariolaprensa.com
Publicado sábado 1 de febrero 2014 – hora 13:45
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