Tras el misterioso desvío del buque que partió de Uruguay el año pasado, una investigación en Austria revela ahora el calvario que sufrieron las casi 3.000 vacas a bordo. Denuncian que la tripulación apagó deliberadamente el GPS para ocultar su rumbo hacia Libia, en una travesía marcada por partos sin asistencia en alta mar donde decenas de terneros habrían sido arrojados al océano.
Una empresa austríaca ha sido acusada por el trágico transporte de unas 2.900 vacas, enviadas el año pasado en barco desde Uruguay a Turquía aunque terminaron en Libia, informó este martes la emisora pública austríaca ORF, que detalla las pésimas condiciones en la travesía, en la que murieron decenas de reses. Según ORF, en el centro del caso se encuentra un empresario identificado como Christian Klinger, propietario de la compañía ‘Agrobreeding’, radicada en Jagenbach.
Los socios turcos de ‘Agrobreeding’ acusan a Klinger de haber cargado en Uruguay 469 reses que no tenían permiso de exportación para Turquía, lo que bloqueó el desembarco en el puerto de Bandirma, situado al sureste de Estambul. El buque ‘Spiridon II’, un carguero que navegaba con bandera de Togo, arribó el 22 de octubre a ese puerto, donde quedó varado casi un mes antes de volver a partir tras el rechazo definitivo de las autoridades fitosanitarias turcas.
Condiciones deplorables y desvío a Libia
Los importadores subrayan que ellos organizaron el forraje y el agua para los animales a bordo, tras haber transferido 2 millones de dólares a Agrobreeding, una suma que exigen ahora de vuelta. Varios vídeos obtenidos por la ORF revelan cómo las reses malvivían a bordo del buque en condiciones deplorables, rodeadas de excrementos y con suministros limitados. El buque zarpó de Turquía el 15 de noviembre pasado con el objetivo de volver a Uruguay, pero antes de salir del mar Mediterráneo, apagó sus sistemas de rastreo (GPS) y se dirigió a Libia, donde unos 2.700 animales fueron vendidos en un mercado con nulas protecciones legales.
De acuerdo a las autoridades uruguayas, los animales fueron sometidos al «riguroso» procedimiento sanitario habitual para la exportación de ganado. Sin embargo, el barco, que debía zarpar de Uruguay en julio de 2025 cuando las vacas estaban en su quinto o sexto mes de gestación, no salió hasta finales de setiembre. Para entonces, la gestación estaba tan avanzada que muchas vacas nunca debieron ser embarcadas, alegan los importadores turcos.
Partos en alta mar y vacío legal
Como resultado, unos 140 terneros nacieron a bordo en condiciones de hacinamiento, suciedad extrema y sin asistencia veterinaria. Se estima que 90 de esos animales «desaparecieron» (presuntamente arrojados al mar) y que el resto murió o llegó en estado agónico al puerto turco. El Ministerio de Ganadería de Uruguay cerró el caso el pasado 25 de noviembre, tras el desembarco de los animales en el país norafricano.
Mientras la disputa entre los importadores turcos y el intermediario continúa con una demanda civil presentada en Austria, el caso pone de relieve un vacío legal, pues no existe una ley internacional vinculante de protección animal. Al ser una operación que involucra a Uruguay (origen), Austria (intermediario), Turquía (destino) y Togo (bandera del barco), ninguna jurisdicción nacional pudo intervenir para detener el sufrimiento de los animales, concluye la emisora.
EFE / Semanario La Prensa
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