El expresidente de la República y dirigente colorado, Dr. Julio María Sanguinetti, llega a Piriápolis. La reunión con los vecinos será el viernes 5 de octubre a la hora 20:00 en el hotel Select (Talcahuano y Uruguay).- La jornada contará con la presencia del diputado Germán Cardoso y es convocada por la Lista 17 que encabeza el Dr. Jorge Schusman.
Sanguinetti ha retomado recientemente la actividad política como una forma de levantar a su alicaído partido político, fuerza que ha sabido gobernar el país durante cerca de 180 años y como lo ha dicho el propio Sanguinetti, Uruguay es una «hechura» del partido Colorado.
Si bien en principio ha dicho que no, existen dudas sobre si el expresidente será o no pre candidato presidencial por el partido Colorado en las elecciones internas del 2019. El político ha manifestado sí, su intención de encabezar alguna lista al senado de la República.
Además de recorrer el país charlando con los vecinos, Sanguinetti viene desarrollando una intensa campaña en redes sociales, utilizando, entre otras, la herramienta «Facebook Live» donde los internautas le hacen preguntas y el político las responde en vivo.
Las últimas declaraciones públicas del dirigente colorado se dieron hace unos días tras la sanción del gobierno al comandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, por cuestionar públicamente al ministro de Trabajo y Seguridad Social, Ernesto Murro, sobre aspectos de la Ley que pretende reformar la Caja Militar. El jerarca castrense recibió una sanción de 30 días de arresto a rigor por sus declaraciones, castigo que Sanguinetti consideró como un intento de humillación a las Fuerzas Armadas.
Julio Maria Sanguinetti, escribió el viernes una editorial en su cuenta Facebook que publicamos al final de la página en forma íntegra y cuya introducción reza lo siguiente: “Si un Comandante no tiene la confianza del gobierno, lo puede remover. Pero aplicarle 30 días de arresto a la máxima jerarquía del Ejército es simplemente un intento de humillación a las Fuerzas Armadas. En ocasiones hemos criticado algunos actos del Gral. Manini, pero en este caso tiene razón, porque sus dichos —respetuosos— simplemente defendían los derechos de sus subordinados, hoy en estado de pobreza”.
El gobierno y el Comandante.
“Si un Comandante no tiene la confianza del gobierno, lo puede remover. Pero aplicarle 30 días de arresto a la máxima jerarquía del Ejército es simplemente un intento de humillación a las Fuerzas Armadas. En ocasiones hemos criticado algunos actos del Gral. Manini, pero en este caso tiene razón, porque sus dichos —respetuosos— simplemente defendían los derechos de sus subordinados, hoy en estado de pobreza”.
Esas del epígrafe fueron mis primeras expresiones ante el episodio y hoy, tres días después, las considero aún más ajustadas.
Nadie puede ignorar lo que está ocurriendo con las Fuerzas Armadas. Están prácticamente condenadas al hambre. Un soldado entra con un sueldo de 15 mil pesos, que es la mitad del que recibe un policía (cuyo sueldo de entrada equivale a un Tte. 2º del Ejército). No se trata de que la policía gane de más, porque no es así. Simplemente constatar que siempre hubo una cierta equivalencia y este actual desnivel ha marcado, claramente, la animosidad del Frente Amplio hacia a unas fuerzas militares a las que, 33 años después de la restauración democrática, les sigue pasando la factura de un golpe de Estado del que no queda hoy ni el rastro en los actuales integrantes.
Curiosamente, quienes más rencorosos lucen contra esa institución del Estado no son los que las enfrentaron con las armas sino los panfletarios, hijos de eslóganes, que ahora, cuando no hay riesgo, sacan pecho como héroes de cartón. Es notorio que Eleuterio Fernández Huidobro, cuando fue Ministro, había asumido una actitud de defensa de la institución y que ello hizo que esta ley de retiros, que castiga severamente al personal de tropa, fuera detenida durante tiempo.
Da la impresión, ahora, que la situación electoral compleja lleva al gobierno a asumir esta actitud de aparente ejercicio severo de la autoridad. Hay muchas críticas internas al Presidente, las hay también al Ministro de Economía, hay unanimidad nacional en contra del Ministro del Interior, y ya nadie discute que las políticas sociales experimentan un formidable fracaso, como lo ha reconocido el ex Presidente Mujica.
En ese contexto, asumir un acto de autoridad frente al Ejército pretende encalmar los cuestionamientos de los sectores más a la izquierda y tratar de embretar a algún parlamentario díscolo, como el Dr. Darío Pérez. En una palabra, la interna frentista llega a este escenario del Estado que debiera manejarse con otros rigores.
El Ministro de Defensa, que es un hombre generalmente sereno, señala que el Comandante en Jefe había ya transgredido muchas veces sus márgenes de actuación. O sea que habría perdido la confianza del mando superior. Si esto es así, y reiteradamente como se dice, debió entonces relevarlo lisa y llanamente. El Poder Ejecutivo tiene todas las facultades para hacerlo. Pero esto de arrestar 30 días a la jerarquía máxima del Ejército y encerrarlo en una pieza, tiene todo el acento de la humillación. No se está ante un subordinado cualquiera, sino al jerarca que más efectivos tiene a su mando.
Pensemos en el terreno civil, que ni siquiera es tan formal. Un jerarca puede observar y suspender a un subordinado. Si en vez de la vía administrativa normal, lo hace a los gritos delante de toda la oficina, se está excediendo y humillando al funcionario.
¿Cree el gobierno que así afirma su autoridad? Podrán aplaudirlo algunas de sus bases, pero la ciudadanía sensata advierte un manejo peligroso de la delicada relación con las Fuerzas Armadas. Y un uso de política interna que no es sano por definición.
En un caso, análogo, de hace pocos meses, que comprometía a la máxima jerarquía de la Policía, no se dijo nada, pese a que el Inspector Layera dijera que nadie hace nada para que se cumpla la ley, que la Policía está desbordaba y que vamos camino a El Salvador y Guatemala. Allí no hubo ni sanción ni remoción y sus comentarios eran un reconocimiento del fracaso del gobierno todo.
Al Comandante en Jefe lo hemos criticado algunas veces por algunas actitudes que, a nuestro juicio, cuestionaban la laicidad, pero en este caso lo vemos dentro de sus márgenes: simplemente está defendiendo a sus subordinados, está diciendo la verdad respetuosamente, reconociendo la buena fe del Ministro Murro, pero señalándole lo que, a su juicio, es un error. Y lo es porque hay un severo castigo a los más pobres del Ejército, a quienes se les retacea la pasividad futura y se les reclama más años de servicio. Algunos incluso quedan excluidos del sistema.
No nos duelen prendas, entonces, con el Gral. Manini. Pero hoy lo entendemos y respetamos en su actitud. Y quien primero debiera entenderlo es el gobierno, cuando está hiriendo a servidores fundamentales en la preservación de la soberanía nacional y la seguridad civil ante catástrofes y accidentes que estoicamente enfrentan a cada momento.











