El «Zar» antidroga boliviano, Ernesto Justiniano, lanzó una fuerte autocrítica tras la captura del narcotraficante uruguayo. Asegura que la efectividad de la lucha policial es de apenas un 10% y que la estructura criminal se regenera de forma inmediata.
Tras la detención y entrega a las autoridades de Estados Unidos del uruguayo Sebastián Marset, el gobierno de Bolivia realizó una cruda radiografía sobre la realidad del narcotráfico en la región. Ernesto Justiniano, viceministro de Defensa Social y máximo responsable de la lucha antidroga en el país andino, reconoció que la caída de grandes líderes no detiene el avance de las organizaciones criminales.
“Si se agarra un Marset, probablemente otros nueve se están cocinando”, disparó el jerarca en una entrevista con la agencia EFE. Con esta frase, Justiniano explicó que la efectividad real de la interdicción a nivel internacional ronda apenas el 10%. Esto significa que, de cada diez estructuras criminales o cargamentos de droga, solo uno logra ser interceptado por las fuerzas de seguridad.
Un «caldo de cultivo» en expansión
Para el funcionario boliviano, el problema no radica únicamente en las capturas mediáticas, sino en la capacidad de producción que alimenta el negocio. Según detalló, Bolivia tiene hoy un potencial de fabricación de cocaína de 300 toneladas anuales, una cifra récord impulsada por la falta de erradicación de cultivos ilegales en años anteriores.
“De nada sirve encontrar uno, dos o tres Marset si nosotros vamos a seguir teniendo un caldo de cultivo que es una gran cantidad de coca ilegal que se va a la cocaína”, sostuvo Justiniano. Actualmente, se calcula que existen unas 40.000 hectáreas de hoja de coca en territorio boliviano, de las cuales casi la mitad se encuentran por fuera de la normativa legal.
Conexiones con las bandas de Brasil
La investigación sobre el paso de Marset por Bolivia también ratificó los vínculos del uruguayo con el Primer Comando de la Capital (PCC) y posibles nexos con el Comando Vermelho. Estos grupos brasileños, con fuerte presencia en las fronteras del Cono Sur, son el motor logístico que permite que las organizaciones se mantengan operativas a pesar de la captura de sus cabecillas.
Esta confesión de ineficacia estructural por parte de las autoridades bolivianas enciende las alarmas en Uruguay y otros países de la ruta de tránsito, confirmando que la presión del narcotráfico sobre las fronteras regionales sigue batiendo récords de intensidad.
EFE / Semanario La Prensa
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