La Albirroja firmó una de las páginas más gloriosas de su historia en la Copa del Mundo. Con un orden defensivo admirable, el gol de Enciso, las notables atajadas de Orlando Gill en la tanda y la frialdad de Canale en el remate decisivo, el equipo de Alfaro concretó la revancha de 2002 y metió el gran batacazo del certamen.
Paraguay dinamitó el Mundial 2026 y firmó una de las páginas más gloriosas de su historia futbolística. En los dieciseisavos de final disputados en el Gillette Stadium, el combinado guaraní eliminó a la poderosa Alemania y selló su boleto a los octavos de final. El planteamiento de resistencia a ultranza de Gustavo Alfaro dio sus frutos ante un conjunto teutón que monopolizó la posesión pero careció de ideas para romper el muro defensivo sudamericano.
Con este triunfo, la Albirroja concretó su ansiada venganza tras 24 años, cobrándose la eliminación sufrida ante este mismo rival en la Copa del Mundo de 2002.
Fiel al libreto anunciado por su entrenador en la previa, Paraguay saltó a la cancha decidido a defender con orden, disciplina y líneas muy compactas. Alemania controló el balón de forma abrumadora en la primera mitad (79% de posesión), pero se diluyó en tres cuartos de cancha y no logró incomodar al portero Orlando Gill.
La recompensa a la paciencia paraguaya llegó a los 42 minutos. Tras un córner de Miguel Almirón que Manuel Neuer despejó defectuosamente con los puños, Damián Bobadilla ejecutó una barrida providencial para cortar el contragolpe alemán. La acción continuó por la banda derecha, donde Matías Galarza envió un centro preciso que Julio Enciso conectó de cabeza al palo largo, desatando la locura en las tribunas con el 0-1. Además, la conquista significó el primer gol de Paraguay en su historia dentro de las fases eliminatorias de un Mundial.
En el complemento, la presión de los dirigidos por Julian Nagelsmann encontró su premio rápidamente. A los 54 minutos, Joshua Kimmich envió un centro al corazón del área y Kai Havertz anticipó a su marcador para poner el 1-1 definitivo con un certero cabezazo. A partir de allí, el trámite se transformó en un asedio estéril de Alemania, que solo volvió a avisar con claridad en el 77 mediante otro testazo de Havertz contenido de forma magnífica por Gill.
El encuentro se estiró a la prórroga, donde la polémica y el VAR se hicieron presentes. En el minuto 102, Jonathan Tah convirtió de cabeza lo que parecía el gol de la clasificación germana. Sin embargo, el árbitro marroquí Jalal Jayed anuló la acción tras revisar el monitor y constatar una infracción previa de Waldemar Anton sobre el arquero Gill, manteniendo con vida la épica resistencia paraguaya hasta el pitazo final.
La definición desde los doce pasos se transformó en una auténtica montaña rusa de emociones. Orlando Gill agigantó su figura de inmediato al detener el primer remate de Havertz y el cuarto disparo a cargo de Nick Woltemade.
No obstante, Paraguay desperdició la ventaja y puso de los nervios a sus hinchas tras los fallos consecutivos de Antonio Sanabria (desviado) y Fabián Balbuena (contenido por Neuer). En la instancia de muerte súbita, el defensor alemán Jonathan Tah envió su remate por encima del travesaño, dejando la mesa servida para que el central paraguayo José María Canale anotara con frialdad el 4-3 definitivo que desató el festejo histórico.
Con la hazaña consumada, los hombres de Gustavo Alfaro ya esperan en la ronda de los octavos de final por el ganador del cruce entre Francia y Suecia.
Semanario La Prensa / EFE
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