El presidente de la República, José Mujica, fue sin duda la estrella excluyente de la ceremonia de inauguración de la rambla de Piriápolis. El mandatario protagonizó otro hecho histórico en la zona oeste de Maldonado al convertirse el sábado en el primer presidente de izquierda en visitar oficialmente el segundo balneario del país. En marzo y octubre, había realizado también visitas históricas a la localidad de Gregorio Aznárez. Si aquella vez titulamos «Mujica revolucionó Aznárez», esta vez nos quedamos cortos.
Es impresionante lo que genera el mandatario en la gente. El recibimiento de los piriapolenses al «Pepe» solo se compara con alguna descollante estrella pop, que no se nos ocurre en este momento cual puede ser. Lo que generó el presidente en Piriápolis no se vio ni con famosos artistas nacionales que han recalado en el balneario como en el Piriamusic, por ejemplo. La gente lo quería tocar, besar, saludar, tomarse una foto, tener la «selfie», obsequiarle algo, pedirle un autógrafo.
Realmente algo pocas veces visto y nunca tratándose de un presidente de la República, que si bien tiene fanáticos, también están sus detractores. Hasta el mas «contra» se saca el sombrero ante el presidente de la República. Su impronta personal, su carisma, su modo de vida, su austeridad, la modesta chacra donde vive, el «fusca», la «vespa», su forma de vestir, de hablar, su pasado «guerrillero», su presente de «paz», su filosofía política… ha trascendido fronteras, ganándose el respeto y la admiración de millones alrededor del mundo, considerándolo en infinidad de países un ejemplo de mandatario que muchos deberían imitar y muchos pueblos desearían tener.
Miles de personas rodearon, acompañaron y acosaron al «Pepe». Pero es lo que le gusta y lo que el propio «Pepe» decidió. El presidente aguanta «camiones» y le importa poco el protocolo. Se hace lo que el quiere. La seguridad del mandatario se vuelve algo simbólico. Los trabajadores de prensa nos volvimos meros espectadores de lo que ocurría. Es él y el pueblo, es el «Pepe» y la gente.
Sin duda, el presidente fue la figura excluyente de la inauguración de la rambla; además se hizo un tiempo para llegar hasta otra estrella de la inolvidable jornada del sábado 13 de diciembre en Piriápolis, la Paella Gigante, donde encendió los fuegos de la paellera.
Para completar la trilogía de la zona oeste de Maldonado, zona de influencia de semanario La Prensa, solo faltaría que el presidente recalara en Pan de Azúcar. Hasta el primero de marzo hay tiempo, habrá que invitarlo al «Dulce Corazón del Canto». Quién le dice… por ahí…
Gerardo Debali – Semanario La Prensa
Publicado lunes 15 de diciembre de 2014 hora 23:15
Fotos: Semanario La Prensa
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