Con más de 12 millones de visualizaciones en la cuenta oficial de la FIFA, el emotivo video donde se la ve cantar «Cielo de un solo color» se transformó en furor. En una entrevista con AUFTV, la oficial —hija de una jefa de policía retirada de Maldonado— repasó sus raíces y el impacto de su historia en las redes sociales.
El debut de la Celeste en la Copa del Mundo 2026 frente a Arabia Saudita dejó una postal que recorre el mundo. Una oficial de policía, en pleno Hard Rock Stadium de Miami, fue filmada manteniendo la postura profesional pero visiblemente conmovida, cantando a flor de piel las estrofas de «Cielo de un solo color». El video, subido por la FIFA, se convirtió en un verdadero furor global que ya supera las 12 millones de visualizaciones, transformándose en el contenido más emotivo de la jornada mundialista.
La protagonista de este fenómeno es Silvia Nadal —quien adoptó el apellido de su esposo al radicarse en Estados Unidos, estando registrada en Uruguay como Silvia Curbelo Castiñeiras—, una uruguaya nacida en Treinta y Tres que se crió en el barrio de Pocitos, en Montevideo. Lleva 28 años viviendo en Miami y se desempeña desde hace 19 años como Deputy Sheriff (alguacil) en la Oficina del Sheriff de Miami-Dade. Tras la viralización, Silvia compartió en su Instagram el sentir de tantos compatriotas en la diáspora: «Piel de gallina al escuchar el himno, ganas de llorar al no poder gritar el gol, sufrimiento con alegría, muchas emociones«.
Un legado familiar marcado por la vocación
A raíz del impacto de las imágenes, el ciclo Del Otro Lado de AUFTV dialogó en exclusiva con ella para conocer la historia detrás del uniforme. Silvia nació en Treinta y Tres debido a que su padre, en ese entonces oficial de policía, había sido asignado allí tras egresar de la escuela policial. Aunque se crió en el barrio de Pocitos en Montevideo junto a sus abuelos, la vocación de servicio siempre estuvo presente en su hogar.
Su madre es jefa de policía retirada de Maldonado, en el área administrativa, y su padre fue un reconocido perito de la fuerza en nuestro país. Aunque Silvia inicialmente estudió enfermería, los temas policiales marcaron su infancia. «En mi casa los temas eran siempre policiales. Mi papá era el único perito que tuvo Uruguay por mucho tiempo, entonces venían de los informativos a hacerle entrevistas», recordó.
A los 23 años decidió emigrar siguiendo los pasos de sus abuelos, quienes habían viajado a Estados Unidos tras la crisis de la tablita. Aunque el destino inicial era Chicago, el frío la acobardó y terminó radicándose en la Florida, donde formó su familia junto a su esposo —también policía— y sus dos hijos, a quienes les transmite las costumbres rioplatenses día a día: «Soy uruguaya hasta las venas. Tomo mate, como guiso, hago carne con papas… asado por supuesto, milanesas. Mis hijos comen lo mío», afirmó orgullosa.
El recuerdo de su hermano y la pasión carbonera
Al ser consultada en la entrevista sobre los sentimientos que le removió toda esta repentina repercusión pública, Silvia se emocionó profundamente al recordar a su hermano mayor, Washington, fallecido hace cinco años.
«No toqué este tema con nadie. Me hace acordar a él, mi pelado carbonero. Somos todos hinchas de Peñarol, manyas», confesó con los ojos brillosos. Recordó con nostalgia las épocas en que iban juntos a la cancha, ella a la Tribuna América y él alentando con la barra brava. Ese lazo sigue tan intacto que la oficial mantiene una tradición cada vez que juega la Celeste o el club de sus amores: «Cuando yo voy al estadio como espectadora, o si estoy en mi casa, tengo la bandera y la camiseta de Peñarol que él usaba, que la tengo yo».
Silvia explicó que se postuló para trabajar en todas las fechas mundialistas de Miami con la ilusión de que, por antigüedad, le tocara el partido de su país: «Puse para todos… dije ‘alguno me tiene que caer’. Pero obviamente el deseo y el anhelo de mi corazón le decía ‘Dios mío, por favor que sea el de Uruguay’, pero si me caía otro, por lo menos era estar en el Mundial». La sorpresa fue doble cuando le confirmaron los dos partidos de la Celeste y, al llegar al estadio, supo que custodiaría la zona de los bancos de suplentes.
Fue en ese sector donde, mientras sonaba la música en los altoparlantes y cantaba de forma espontánea, cruzó miradas con un hincha al que no conocía. Según relató, el hombre notó su fervor y le preguntó con asombro si era uruguaya. Entre risas, la oficial le afirmó que sí haciendo el ademán de mostrarle el documento de identidad, momento en el cual el hombre la llamó para que se acercara. Silvia fue hacia él y allí recibió un pin con el escudo de Uruguay, el cual ella besó por puro instinto antes de colocárselo. Poco después, un joven llamado Mateo le avisó que había filmado el momento y le pidió autorización para difundirlo, dando inicio al fenómeno digital.
Asombrada por la ola de cariño y la masiva respuesta de la comunidad uruguaya en todo el mundo, Silvia cerró el encuentro con total sencillez: «Yo hice lo que yo sentía, lo que ves es lo que soy. Yo soy bien transparente».
Como broche de oro a una jornada cargada de emociones y reconocimiento a su orgullo oriental, el equipo de AUFTV le obsequió la camiseta oficial de la selección uruguaya con el número siete en la espalda, un número con un significado muy especial para su historia familiar. El video se transformó rápidamente en el fenómeno humano del torneo, reflejando el arraigo incondicional de los uruguayos en cualquier rincón del planeta.
Mundial 2026

















