
A 80 años de la Batalla del Río de la Plata: Cuando la Segunda Guerra Mundial pasó por Piriápolis. El 13 de diciembre de 1939, frente a las costas uruguayas, el acorazado de bolsillo alemán “Graf Spee” se enfrentó a tres cruceros de guerra británicos. El primer escenario de la batalla fue varias millas delante de Punta del Este, culminando próximo a las costas de Piriápolis. A 80 años de aquel hecho histórico que estremeció al país, diario La Prensa lo recuerda con este completo informe del investigador histórico de Piriápolis, Prof. Gastón Goicoechea.
El Acorazado “Graf Spee” y la Batalla del Río de la Plata
Aunque sea de pasada, a través de sonidos y confusas luces provocadas por detonaciones de artillería, la Segunda Guerra Mundial pasó por Piriápolis.
Fue en la veraniega tarde noche del 13 de diciembre de 1939, cuando, a la lejanía, nuestras costas fueron el escenario final de la Batalla del Río de la Plata, protagonizada por tres navíos británicos, a la caza del poderoso “Graf Spee”, buque de guerra alemán que asoló los mares del Atlántico Sur.

Clasificado por la Kriegsmarine (Marina de Guerra de Alemania) como “Acorazado de Bolsillo”, el “Graf Spee” era en realidad un Crucero de Batalla Clase “Deutschland”, creado junto a otros dos buques gemelos, para eludir las prohibiciones que el Tratado de Versalles había impuesto sobre Alemania para hacer acorazados de gran porte.
El resultado fue la creación del DKM (Deutsche Kriegsmarine) “Admiral Graf Spee”, una genialidad de la tecnología alemana. Desplazaba 15.000 toneladas, con un armamento principal de dos torres triples a proa y popa de tres cañones de 280 mm cada una, ocho de 150 mm y seis de 105 mm. Tenía un casco blindado de más de 120 mm, soldado eléctricamente, y una velocidad de hasta 28 nudos. Contaba con el blindaje y el armamento de un acorazado convencional, pero el tamaño y la velocidad de un crucero ligero de guerra, combinando así el poder de fuego y protección de un acorazado, con la velocidad de un crucero. Poseía adelantos técnicos entonces desconocidos, como el telémetro (uno de los primeros radares, hecho para calcular tiro, que, curiosamente, no era usado para exploración), y elementos de artillería que ajustaban automáticamente los cañones para compensar los balanceos y cabeceos del buque navegando.

Al mando del Capitán de Navío Hans Langsdorff, el buque alemán se encontraba en el Atlántico Sur, cuando la guerra estalló el 3 de setiembre de 1939. Su misión era atacar a los buques mercantes aliados con destino a las Islas Británicas y Francia, provenientes de Áfríca, Asia y de Sudamérica.
Luego de hundir el primer mercante, frente a Pernambuco, por 100 días recorrió miles de millas entre el Atlántico Sur y el Índico, echando a pique nueve mercantes, que sumaban 50.000 toneladas. En todos los casos, el “Graf Spee” respetó la vida e integridad de los tripulantes atacados, permitiéndoles en botes salvavidas evacuar los buques, antes de hundir el mercante enemigo con su artillería o sus torpedos. Así Langsdorff se ganó el respeto de sus enemigos, pues ni un solo marinero murió durante sus acciones, en tanto demostraba gran astucia y capacidad, evadiendo una y otra vez a los sietes grupos navales anglofranceses que dominaban el Atlántico Sur, y lo buscaban para hundirlo.
Su final se produjo cuando puso nuevo rumbo, hacia la costa sudamericana, y el 13 de diciembre el “Graf Spee” se acercó a la entrada del Río de la Plata, cumpliendo órdenes para atacar a un presunto convoy mercante que salía de Montevideo para Gran Bretaña. Los alemanes no sabían que se trataba de una emboscada preparada por los servicios de inteligencia de la Royal Navy (la Marina Real Británica).
Amaneciendo, a las 0600, un grupo de tareas inglés de la División Sur, al mando del Comodoro Henry Harwood, formado por tres buques de guerra, el crucero pesado HMS “Exeter”, y los cruceros ligeros HMS “Ajax”y HMNZS “Achilles”, estaban esperando al acorazado alemán. Cuando lo interceptaron en la entrada del estuario, comenzó una batalla épica, unas de las últimas de la historia en que hubo una combate naval buque contra buque.
Los vigías alemanes dieron la voz de alarma cuando vieron las siluetas de los buques ingleses a 20 millas. Se dio zafarrancho de combate a las 0620, abriendo fuego con sus cañones principales y secundarios. Harwood (a bordo del “Ajax”) dividió su fuerza para que la artillería alemana, más poderosa y de más alcance, no concentrara su fuego. El crucero pesado “Exeter” resistió a los alemanes, en tanto el jefe inglés flanqueaba y acortaba distancia con sus dos cruceros ligeros, cuya artillería de 152 mm necesitaba aproximarse para alcanzar y dañar al acorazado.
Los dos buques principales intercambiaron disparos por una hora, con los alemanes navegando a toda máquina hacia el “Exeter”, lastimándolo con siete mortales impactos de 280 mm que destrozaron sus cañones principales de proa, el puente de mando, junto a otras averías e incendios, que provocaron numerosos muertos y heridos. A muy escasa velocidad, escorado (inclinado), y con muchas vías de agua, el buque inglés pudo evitar ser rematado, escapando en dirección a las Islas Malvinas.
La batalla prosiguió con los cruceros ligeros, que al navegar a más velocidad (32 nudos), perseguían y evadían al acorazado alemán, intercambiando disparos de artillería y lanzamiento de torpedos, y luego escapando detrás de cortinas de humo. Con estas acciones repitiéndose una y otra vez, con el pasar de las horas los combatientes se iban internando en el estuario rioplatense, cada vez más cerca de Punta del Este.
En sus aproximaciones, el “Ajax” recibió varios impactos, pero al estar a corta distancia, logró que sus cañones alcanzaran al “Graf Spee”. Como las averías del “Ajax” eran graves, que incluían la pérdida de su arboladura y la mitad de su artillería, igual que en el “Achilles”, que recibió un impacto de 280 mm que destrozó su artillería de popa, el Comodoro Harwood ordenó la retirada de los restos de su fuerza de tareas. Pero a los pocos minutos la orden fue suspendida, cuando en ese momento se vio sorprendido: el buque alemán se alejaba, escapando con vista de costa, como en dirección a Montevideo.

El “Graf Spee” también estaba herido. En total, los alemanes recibirían en la batalla 17 impactos de 152 mm (principalmente de los cruceros ligeros) y dos de 203 mm (del “Exeter”). Con 37 muertos y 60 heridos, varios agujeros en el casco, puente y superestructuras del buque, Langsdorff, también herido por una explosión, cometió el error de no continuar la batalla, y retirarse. Claramente el jefe alemán desconocía la dimensión del daño causado a los ingleses, porque a sólo 4 millas de distancia, su acorazado todavía podía disparar más del doble que sus dos oponentes juntos, con la particularidad que sus proyectiles taladraban a los cruceros como si fueran de lata.

Tratando de deshacerse de sus perseguidores, cerca del mediodía el “Graf Spee” se cruzó con el mercante inglés “Shakespeare”, enviando un falso telegrama: “Ajax y Achilles, de Graf Spee. Recojan botes salvavidas de buque inglés”. Como Harwood sabía que Langsdorff nunca había disparado contra un mercante sin antes haber evacuado a la tripulación, no cayó en la trampa y no detuvo a sus cruceros para el falso rescate.
Lo que queda de la historia es un completo misterio. Esa mañana, Langsdorff pudo echar a pique a los tres cruceros británicos, pero en vez de perseguirles cuando eran fáciles presas, había decidido retirarse al Río de la Plata, navegando hacia Punta del Este, y pasando frente a Piriápolis, navegar por el canal de acceso e internarse en Montevideo, tratando de reparar sus daños.
En la tarde y noche de ese día, la batalla continuaría, ahora con el “Graf Spee”, increíblemente, huyendo de dos pequeños y heridos cruceros ingleses. El escenario, sería las costas desde Punta del Este a Piriápolis, en donde el sonido de la guerra rompería con la calma de un país neutral, y la rutina de dos balnearios que se preparaban para el verano.

La guerra frente a Punta del Este y Piriápolis
En la madrugada del 13 de diciembre de 1939, la Batalla del Río de la Plata había empezado en alta mar, a la entrada del estuario.
El acorazado de bolsillo alemán “Graf Spee”, al mando del Capitán de Navío Hans Langsdorff enfrentó a tres cruceros de guerra ingleses. Los alemanes habían acertado varios tiros con sus cañones principales, logrando que el crucero pesado “Exeter” se retirara del combate por la gravedad de los daños, y acertando otros tantos en los otros dos cruceros ligeros, el “Ajax”y “Achilles”. Sin embargo, el buque alemán, debido a sus daños, puso proa hacia las costas uruguayas, haciendo un largo recorrido que le llevó el resto de la mañana y la tarde. Su objetivo era Punta del Este, para navegar protegido por las neutralidad de las aguas nacionales uruguayas, e internarse en Montevideo.

Siendo las 1900, ya estaba atardeciendo, el “Graf Spee” se encontraba a 12 millas de Punta del Este, y el “Ajax” y “Achilles” estaban detrás, a dieciocho. Navegando en dirección a la costa uruguaya, ya frente a Punta del Este, con los cruceros ingleses pisándole los talones a popa, el buque alemán encontró a su proa otra sorpresa: la silueta lejana de un barco de guerra uruguayo, el Crucero de Guerra “Uruguay”, que presenciaba la batalla, y vigilaba nuestras aguas. Considerando que las aguas jurisdiccionales nacionales eran hasta las 8 millas de la costa (hoy son 12), su Comandante, el Capitán de Navío Fernando Fuentes, había enfilado su buque de acero gris hacia los navíos beligerantes.

La aparición del “Uruguay” hizo sonar las alarmas del acorazado alemán. El buque uruguayo iba al cruce del “Graf Spee”, para impedirle que navegase en aguas uruguayas, situándose entre la Isla de Lobos y la costa. Luego navegó para ubicarse entre el “Graf Spee” y los cruceros británicos para que tampoco estos se adentraran en la costa uruguaya. Era una acción muy temeraria, casi suicida, ya que cualquiera de los navíos extranjeros superaba en poder de fuego al viejo crucero de bandera nacional.
Esto no disuadió a Langsdorff, que entró en aguas uruguayas, a dos millas de la Isla de Lobos. Dejando de disparar en conformidad con la ley internacional, su aproximación a nuestras costas buscaba deliberadamente obtener la protección de nuestras aguas neutrales.
Mientras el buque alemán navegaba en las cercanías de la boya Este del Banco Inglés, hacia Montevideo, con vista a la costa, el “Ajax” pasó entre Punta del Este y la Isla de Lobos. Según el informe oficial del Crucero “Uruguay”, a las 19.50 reabrió fuego frente a Punta Negra, dentro de las aguas neutrales uruguayas, alzando su bandera de combate. Viendo la violación del derecho internacional que hacían los ingleses, los alemanes habrían respondido con sus cañones, iniciándose la última parte de la Batalla del Río de la Plata.

Desde ese momento, ingleses y alemanes intercambiaron sus últimos disparos, con la puesta de sol de fondo. Fue el momento en que la guerra pasó frente a las playas de Piriápolis. Cuentan que algunos piriapolenses se subieron a los cerros para tener una mejor vista de la zona donde se apreciaba la batalla. Era reconocible en el lejano horizonte por las luces de los fogonazos provocados por los poderosos cañones navales de los buques en movimiento, y por las detonaciones, perfectamente comparables al estruendo provocado por la explosión de los barrenos de las canteras del Cerro Pan de Azúcar, que más de una vez hizo temblar algún que otro vidrio.
Los piriapolenses desconocían los detalles de la batalla que estaba terminando a pocos kilómetros de la playa. Todos inconscientes de que los proyectiles de las artillerías de los buques, con un alcance de hasta veinte kilómetros, perfectamente podían caer errados en las laderas de los cerros que eran improvisado y popular palco de hombres, mujeres y niños de todas de las edades.
Los destellos, con el pasar de los minutos, se fueron haciendo cada vez más pequeños y menos frecuentes, y las detonaciones se escuchaban cada vez más lejanas.

La batalla estaba terminando, porque entre las costas de Piriápolis y el Balneario Solís, el “Graf Spee” navegaba intentando evadirse de sus perseguidores, que uno a uno fueron abandonando la cacería. Primero fue el “Ajax”, probablemente debido a la gravedad de los daños que tenía. A las 21.40 y 21.43 hs., el “Graf Spee” hizo sus últimos disparos contra el “Achilles”, mal dirigidos a causa de la oscuridad, pero que parecieron disuadir al último crucero inglés, que a las 22.30 hs. suspendió la persecución.
Las últimas señales que tenían los piriapolenses de una batalla naval en el horizonte se fueron perdiendo. No sólo por el avance de la noche, sino porque el acorazado alemán, cubierto por una cortina de humo, había tomado ya por el canal de acceso con rumbo a Montevideo, impidiendo a los cruceros ingleses continuar con sus movimientos, ya peligrosamente próximos a la costa.

Cerca de las 23.00 hs. el “Graf Spee” fondeaba en la bahía de Montevideo, con graves averías, y con municiones que permitirían al buque combatir no más de 40 minutos.
La presión diplomática, ejercida por el embajador británico Millington Drake, logró que Uruguay sólo otorgara 72 horas para repararse. Esto, y la negativa de Alberto Voulminot para que el buque utilizara su dique del Cerro, junto al material y la infraestructura para hacerlo, llevaron a a Langsdorff a tomar una decisión extrema.
A sabiendas de que varios buques de guerra ingleses le estarían esperando en la entrada del estuario, el 17 de diciembre detonó a su propio buque frente a la bahía de Montevideo, en tanto evacuaba a la mayoría de sus tripulantes para Argentina.
El 20 de diciembre, se suicidaba Langsdorff en Buenos Aires. Algunos dicen que por orden de Hitler, otros opinan que quizás por haber estado acomplejado por varias decisiones tomadas, como su error de iniciar aquella batalla, no haber rematado al “Exeter”, o haberse retirado precipitadamente, perseguido por dos cruceros averiados. También por haberse “encerrado” en Montevideo, en lugar de buscar alta mar,
En tanto, el humo del destruido “Graf Spee” oscureció por días a la capital uruguaya, en tanto que en Piriápolis quedaron las “contadas” de aquellos que, en la cima de los cerros, presenciaron a lo lejos esa inolvidable tarde noche en que la guerra mundial nos visitó, aunque sea de pasada.










