La Secretaría Nacional de Drogas lanzó una campaña de prevención que busca poner en discusión la naturalización del consumo de alcohol en Uruguay. Más de 373.000 personas presentan un uso problemático de esta sustancia.
El alcohol forma parte de numerosos momentos de la vida cotidiana: celebraciones, reuniones entre amigos, comidas familiares, regalos y distintas formas de encuentro. Su presencia habitual, sin embargo, puede hacer que muchas veces deje de ser percibido como una sustancia psicoactiva y que determinadas prácticas de consumo sean asumidas como naturales.
En este contexto, la Secretaría Nacional de Drogas presenta “Evidencias Familiares”, una campaña de prevención que propone detenerse a observar el lugar que ocupa el alcohol en la vida cotidiana y reflexionar sobre los mensajes y prácticas que se transmiten, especialmente dentro de las familias.
El alcohol es actualmente la sustancia psicoactiva más consumida en Uruguay y su uso problemático alcanza a más de 373.000 personas.
La campaña plantea que la prevención no consiste únicamente en hablar de cantidades o de situaciones de consumo de riesgo. También implica revisar aquellas prácticas que se incorporaron a la vida diaria y que, por su frecuencia, pueden dejar de ser cuestionadas.
Cuando el alcohol parece estar presente en todo
Un brindis, una botella como regalo, una cerveza para acompañar una reunión o una bebida para festejar un logro son situaciones habituales en la sociedad. Sin embargo, que una práctica sea frecuente no significa que sea obligatoria. La relación con el alcohol puede variar según el contexto, la situación y el momento de la vida de cada persona.
Desde la campaña se plantea la importancia de prestar atención cuando el alcohol comienza a aparecer como la opción esperada para celebrar, compartir o disfrutar, como si su ausencia implicara que algo falta.
La manera en que las personas ofrecen, regalan o muestran bebidas alcohólicas también transmite mensajes acerca de cuándo, cómo y por qué consumir. Esa naturalización puede dificultar la identificación de los riesgos asociados al alcohol y transformar determinadas conductas en algo que simplemente se considera parte de la vida cotidiana.
El papel de las familias
Las primeras referencias sobre el consumo también se construyen en el hogar. Niños, niñas y adolescentes observan las conductas de los adultos que los rodean y aprenden de ellas, incluso cuando no existe una intención explícita de enseñar. En este sentido, la campaña destaca la importancia del apoyo parental, entendido como una presencia cercana que combine afecto, comunicación y límites claros.
Uno de los aspectos que se aborda es la idea de que un adolescente estaría más protegido si consume alcohol dentro de su casa y bajo supervisión adulta, en lugar de hacerlo en otro lugar. La propuesta advierte que, aunque esta conducta pueda surgir de una intención de cuidado, permitir o facilitar el consumo no constituye una estrategia de protección, ya que puede transmitir un mensaje de autorización y adelantar el contacto con el alcohol durante una etapa en la que el organismo todavía se encuentra en desarrollo.
Por este motivo, la orientación planteada es que el consumo de alcohol en adolescentes sea cero, al tiempo que se sostiene el acompañamiento familiar.
Mirar lo cotidiano para generar cambios
“Evidencias Familiares” no pretende señalar ni culpabilizar a las personas por sus hábitos, ni establecer cómo deben celebrarse los encuentros familiares o sociales. La propuesta apunta a hacer visible aquello que, de tan cotidiano, muchas veces deja de ser observado.
La campaña invita a preguntarse qué lugar ocupa el alcohol en los encuentros, qué se comunica cuando se lo elige como regalo y qué otras formas de celebrar, compartir y encontrarse pueden construirse. Desde esta perspectiva, la prevención también consiste en detenerse y revisar las propias prácticas.
El cuidado también se aprende
La Secretaría Nacional de Drogas impulsa políticas de prevención orientadas a fortalecer el cuidado, facilitar el acceso a información confiable y promover decisiones informadas.
El objetivo no es eliminar las celebraciones ni juzgar a quienes consumen alcohol, sino ampliar las posibilidades y favorecer entornos en los que el alcohol no sea entendido como una condición necesaria para divertirse, encontrarse o celebrar.
Los cambios culturales, plantea la campaña, también comienzan en las pequeñas decisiones de todos los días: en la forma de celebrar, en los mensajes que se transmiten a las nuevas generaciones y en la capacidad de cuestionar aquello que se volvió tan habitual que dejó de ser visible.













