El fragmento, que impactó contra una vivienda en los Estados Unidos en 2024, permitió a investigadores del Instituto SETI identificar compuestos orgánicos esenciales. Gracias a su preservación inmediata, el hallazgo es considerado uno de los más valiosos de la historia científica.
El 16 de julio de 2024, lo que comenzó como un estruendo sónico que sacudió la región terminó en un hallazgo científico de valor incalculable. Una roca del tamaño de un equipaje de mano entró en la atmósfera a más de 14.000 metros por segundo, fragmentándose en su descenso antes de atravesar el techo del dormitorio de una casa en Hillsborough, Nueva Jersey.
Hoy, dos años después del suceso, un equipo internacional de científicos —liderado por el astrónomo Peter Jenniskens del Instituto SETI y el Centro de Investigación Ames de la NASA— ha publicado en la revista Science Advances el análisis forense de este objeto, catalogándolo como uno de los meteoritos más valiosos jamás recuperados para la ciencia.
La clave: una preservación impecable
A diferencia de la mayoría de los meteoritos, que se contaminan al tocar el suelo, el Hillsborough fue rescatado casi al instante. El propietario de la casa, tras el impacto, utilizó guantes desechables y papel de aluminio para recolectar los fragmentos y depositarlos en frascos de vidrio.
«Gracias a la rápida reacción del propietario, estas son las muestras más prístinas que conocemos», destacó Jenniskens. Esta condición permitió a los expertos estudiar minerales frágiles y compuestos orgánicos que suelen degradarse rápidamente al contacto con el ambiente terrestre.
Química espacial y el origen de la vida
El meteorito es una condrita carbonácea de tipo CM1/2, una categoría extremadamente rara: es solo el segundo caso registrado en la historia. Los análisis revelaron que la roca contiene restos de un asteroide primitivo que estuvo expuesto a fluidos salinos concentrados, un proceso desconocido hasta ahora en este tipo de mundos.
Entre los hallazgos principales destacan:
- Moléculas prebióticas: El meteorito es rico en carbono, nitrógeno y aminoácidos, considerados bloques fundamentales para la vida.
- Evidencia de agua: La roca sufrió una «alteración por agua» mucho más profunda que otros meteoritos similares, sugiriendo la presencia de antiguos depósitos de salmuera bajo la superficie del asteroide original.
- Química orgánica: Los expertos hallaron compuestos orgánico-metálicos, similares a los que utilizan los seres vivos en procesos como la fotosíntesis.
Un eslabón perdido en la historia del Sistema Solar
«El estudio sugiere que los meteoritos tipo CM ayudaron a entregar materia orgánica a la Tierra primitiva», explican los investigadores. Al comparar estos restos con muestras traídas de asteroides como Ryugu y Bennu por misiones espaciales, los científicos confirmaron que los procesos químicos dentro de los asteroides fueron fundamentales para preparar la «sopa química» que, hace miles de millones de años, permitió el surgimiento de la vida en nuestro planeta.
Para Denton Ebel, curador del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, donde se custodiarán algunos de los fragmentos, el suceso fue una oportunidad extraordinaria: «Estamos emocionados de que la naturaleza haya entregado una muestra de asteroide tan preciada en la puerta de nuestra casa».

Semanario La Prensa con información de EFE y SETI.
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