Llegó la temporada de la Vendimia, ese momento del año en que los bodegueros recogen el fruto de meses de trabajo, dedicación y pasión. Durante febrero y marzo, el país abre las puertas de sus más de 50 bodegas y viñedos turísticos para invitar a locales y visitantes a vivir de cerca la magia del vino. Encontrá la grilla de actividades turísticas que podés disfrutar en distintas bodegas y viñedos del país en el final de la nota.
Es la oportunidad ideal para descubrir los secretos de la vinificación, participar de degustaciones exclusivas, disfrutar de espectáculos en vivo y sumergirse en experiencias únicas en entornos naturales incomparables.
El arte detrás de cada copa
La creación de un buen vino es un proceso donde se fusionan ciencia, herencia cultural y sensibilidad. Desde la selección de la vid hasta las técnicas de elaboración transmitidas de generación en generación, cada detalle incide en el resultado final.
La alquimia comienza en el viñedo, cuando cada racimo se cosecha en su punto justo de madurez para alcanzar el equilibrio perfecto entre dulzor, acidez, taninos y alcohol. El terroir —con su suelo y clima particulares— y el manejo cuidadoso de la uva son claves para lograr vinos con identidad propia.
Reconocido a nivel internacional por su cepa emblema, el Tannat, Uruguay también se destaca por variedades que se han adaptado con gran calidad a sus suelos, como Marselan, Arinarnoa, Sauvignon Blanc, Chardonnay y Albariño.
Experiencias inolvidables
La Vendimia no es solo cosecha, es también celebración. Las bodegas ofrecen propuestas para todos los gustos: desde pisar uvas como en las antiguas tradiciones hasta maridar vinos de alta gama con platos gourmet. Recorridos guiados, charlas con expertos y espectáculos artísticos completan una agenda que combina aprendizaje y disfrute.
Hoy, el enoturismo va más allá de la copa: invita a conocer la historia, la cultura y la gente detrás de cada etiqueta. En tiempos de Vendimia, esa experiencia se vuelve aún más especial.
Un país vitivinícola con historia
La vitivinicultura uruguaya nació del sueño de inmigrantes vascos-franceses, italianos, españoles y alemanes que llegaron en la segunda mitad del siglo XIX en busca de una nueva vida. Muchos encontraron en la tierra una forma de autosustento e introdujeron distintas cepas que dieron origen a un país vitivinícola diverso.
La primera plantación de vid documentada en la Banda Oriental data del 12 de diciembre de 1774, en el viñedo de los Padres Jesuitas en la Calera de las Huérfanas, con 1.500 cepas. Más tarde, Pascual Harriague sería reconocido como el impulsor del Tannat en el país, consolidando una identidad que hoy distingue a Uruguay en el mundo.
De norte a sur y de este a oeste, las bodegas nacionales se destacan por su calidad y carácter. Las regiones vitícolas —Litoral Norte, Litoral Sur, Metropolitana y Oceánica— presentan paisajes y suelos diversos: desde costas de ríos y mar hasta serranías y campos verdes, con terrenos que van de pedregosos y de buen drenaje a más profundos y livianos. Esa diversidad se traduce en vinos con perfiles y sabores únicos.
Mirá la grilla de actividades turísticas y descubrí las diferentes propuestas que ofrecen las bodegas y viñedos registrados en el MINTUR.








