En la madrugada del 3 de febrero de 1807, las fuerzas británicas asaltaron la capital tras un sitio de 18 días. Sin embargo, la campaña había comenzado meses antes en nuestra zona, con la toma y el saqueo de Maldonado en octubre de 1806, base estratégica desde donde los invasores proyectaron el ataque final que transformaría la realidad política de la región.
El 3 de febrero de 1807 quedó marcado como una de las fechas más complejas de nuestra historia. Lo que conocemos como el Sitio de Montevideo tuvo su desenlace definitivo hace 219 años, pero para los habitantes de la zona este, el conflicto ya era una realidad cotidiana. Las naves inglesas, tras consolidar su posición en Maldonado, se proyectaron hacia el oeste para el asalto final a la capital del Virreinato.
El camino al asalto: El Cristo del Cardal
Antes de llegar a las murallas, el 20 de enero se produjo un choque decisivo en las afueras: la Batalla de El Cristo del Cardal. Pese a contar con buenas fortificaciones, el gobernador Pascual Ruiz Huidobro ordenó una salida frontal de sus tropas que resultó costosa.
En un callejón, las fuerzas locales fueron atacadas de flanco por tropas emboscadas de los regimientos británicos 60.º y 95.º. El enfrentamiento dejó 200 muertos y unos 600 heridos del lado defensor, permitiendo que el general Samuel Auchmuty cerrara el cerco sobre la ciudad por completo.

El asalto por la brecha
Tras varios días de bombardeo sobre el punto más débil de la muralla (cerca de la actual catedral anglicana), el asalto final comenzó a las 2:00 a. m. del 3 de febrero. Fue un ataque silencioso pero accidentado; los defensores habían intentado bloquear la brecha con pieles y fardos de lana y cuero, lo que obligó a los atacantes a buscar un punto de entrada bajo un fuego cruzado constante desde los bastiones.
En este punto la lucha fue sangrienta. El capitán Renny, del 40.º Regimiento de Infantería, murió al intentar cruzar la abertura, y poco después el teniente Harry Smith (95.º) logró localizar el acceso. La resistencia fue feroz y le costó la vida a oficiales británicos de alto rango como los tenientes coroneles Brownrigg y Vassal.
Maniobras tácticas y la caída de la Ciudadela
Mientras se forzaba la entrada por la brecha, otros movimientos terminaron de quebrar la defensa:
- La Puerta de San Pedro: El 87.º Regimiento de Infantería escaló la muralla y atacó a los defensores por la retaguardia, capturando una bandera que hoy se conserva en el museo de Armagh, en Irlanda del Norte.
- La torre de la Catedral: Efectivos del 95.º ocuparon este punto estratégico y, desde las alturas, utilizaron sus fusiles Baker con gran precisión contra la Ciudadela, la fortaleza principal de Montevideo.
Hacia las 5:00 a. m., ante el avance general por la ciudad, Ruiz Huidobro aceptó la rendición incondicional.
Reconocimiento al valor de la defensa
Incluso en la victoria, el comandante Auchmuty destacó el «gran brío» con el que se defendió la plaza. Hizo una mención especial al francés Hipólito Mordeille, quien estuvo a cargo de la defensa de la brecha. Mordeille y sus hombres fueron casi aniquilados en el cumplimiento de su deber, cayendo el propio comandante en el combate.
Las huellas de la ocupación
A las 8:00 a. m. de aquel 3 de febrero, la ciudad comenzaba a convivir con las tropas ocupantes. La administración de Auchmuty trajo consigo cambios culturales inmediatos, como la publicación del periódico «Southern Star» o «La Estrella del Sur». Este medio, encargado a Francisco Cabello y Mesa, funcionó como una herramienta de propaganda en favor de los intereses británicos durante los meses de ocupación.
En lo político, la caída de Montevideo tuvo un efecto dominó; el Cabildo de Buenos Aires depuso al Virrey Sobremonte por su desempeño, sembrando un antecedente fundamental para los procesos de independencia que vendrían apenas tres años después. La ocupación terminó en septiembre de 1807, pero las huellas de esa madrugada permanecen en la fisonomía de la ciudad y en la memoria de su gente.








