El Papa Benedicto XVI presentó su carta de renuncia este lunes 10 de febrero declarando que desde el 28 de febrero a las 20 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.
En un comunicado el pontífice dijo: «Tras examinar repetidamente mi conciencia antes Dios, he llegado a la certidumbre de que mi fortaleza, debido a la avanzada edad, no es adecuada para el ejercicio del ministerio».
«En el mundo de hoy, sujeto a rápidos cambios y sacudido por preguntas de honda relevancia para la vida en la fe, para gobernar la barca de San Pedro y proclamar la Palabra de Dios son necesarias la fortaleza tanto de mente como de cuerpo, fortaleza que, en los últimos meses, se ha deteriorado hasta el punto que he tenido que reconocer mi incapacidad para cumplir con el ministerio que me ha sido encomendado», aseguró el Papa en el comunicado.
El Papa Benedicto, excardenal Joseph Ratzinger, nació el 16 de abril de 1927 y fue elegido Papa el 19 de abril de 2005, después de la muerte de Juan Pablo II.
Durante la Segunda Guerra Mundial se unió a las juventudes hitlerianas y fue reclutado como artillero antiaéreo. Como cardenal pasó 24 años en la Congregación de la Doctrina de la Fe.
Las renuncias de los máximos dirigentes de la Iglesia Católica no son algo extraño pero esta es la primera vez que ocurre en la era moderna.
El último Papa en renunciar fue Gregorio XII en 1415.
En el momento de ser elegido sumo pontífice, Benedicto XVI contaba con 78 años.
(BBC Mundo)
Carta de renuncia de Benedicto XVI
Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.
Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.
Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos.
Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice. Por lo que a mi respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria.
Vaticano, 10 de febrero 2013..







