“Queremos un país más justo y con menor desigualdad social” escribe Martín Márquez Berterreche en respuesta al artículo “¿Qué país es el que queremos?” escrito por Manuel Reyna.
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Escribe Martín Márquez Berterreche
“Queremos un país más justo y con menor desigualdad social”

Hoy desayuno con una reflexión del señor Manuel Reyna en La Prensa que no puedo dejar de responder, porque ni “totalmente desapegado de cualquier sesgo ideológico o partidario” sino todo lo contrario, el señor Reyna se erige como operador del proyecto país de la coalición multicolor a escasas horas de las elecciones en segunda vuelta. Por supuesto que esto no es de extrañar: su filiación política es de público conocimiento, y sabido es también que tiene intenciones de hacer carrera política en el escenario local. Lo que sí es extraño, es que exprese desapego ideológico o partidario y remate el mismo párrafo hablando de la “honestidad intelectual que lo caracteriza”. Parece que lo del señor Reyna no es, precisamente, el vuelo de su pluma.
En algo sí estamos de acuerdo: en que están en disputa electoral dos modelos de país. “Opuestos” parece un antagonismo excesivo, ya que estos modelos tienen también -y por suerte- algunas coincidencias, posibilidades de construcción sobre acuerdos nacionales comunes y supra partidarios, que aborden los problemas del país desde verdaderas políticas de Estado y no como hinchadas en un partido de fútbol. Queda librado a la reflexión de cada quien si es sensato e inteligente dividir de esa forma el escenario político o si por el contrario, además de las diferencias, no sería conveniente trabajar en las coincidencias. La oposición radical deja poco margen al diálogo y a las eventuales posibilidades de concordancia, hoy más que nunca tan necesarias.
También estamos de acuerdo en que la conducción política requiere una preparación mínima e indispensable, tanto en las capacidades de construcción social como en los procesos de elaboración intelectual y ejecución de las acciones políticas. Atributos que, conforme a la misma “reflexión” del señor Reyna, no queda demasiado claro que detente.
Yendo a lo que no estamos tan de acuerdo, en el panfleto de última hora con un claro sesgo ideológico o partidario se enumeran una serie de situaciones a las que a juicio del preopinante el gobierno saliente salió “airoso”. Obviamente el éxito en la gestión de las situaciones que se relatan es relativo y discutible, lo que no es discutible es que en nuestro país creció la desigualdad, incrementándose únicamente el poder adquisitivo en el 10% más rico de la población. En 2023, los ingresos del 10% más rico fueron 11,7 veces mayores que los del 10% más pobre, un aumento respecto a 2019, cuando la relación era de 11,1.
Claro es, al menos para mí, desde dónde ve a la sociedad Manuel Reyna. Y cómo cuando se está más arriba que abajo en la pirámide económica se distorsiona la perspectiva de que todavía las grandes mayorías están relegadas, de que nuestro país tiene una deuda histórica con sectores de la población muy relegados y que en este gobierno también lo han sido, muy especialmente. Que todavía hay 500 mil compatriotas (dentro de los que personalmente me cuento) que vivimos con menos de 25 mil pesos por mes y 40 mil compatriotas más viviendo en asentamientos que en el 2019. Que en Uruguay el 20% de los niños menores de 6 años son pobres y que esto aumentó en el gobierno que Reyna pretende elogiar y hacernos creer, con cierta torpeza narrativa, que todos tienen la posibilidad de acceder y disfrutar del servicio que él ofrece. Personalmente dudo de que cualquier uruguayo o uruguaya pueda veranear en Piriápolis y cenar en La Goleta, si así fuera, estaríamos suturando las groseras diferencias sociales que todavía campean.
Y respondo la pregunta que nos deja planteada: lo que disgusta es que al puñado de personas en el país, en el departamento o en el pueblo que les va económicamente muy bien nos quieran hacer creer que a todo el país le va mejor, mirando desde sus lentes Ray Ban polarizados una realidad bien distorsionada. Disgusta que desde la comodidad de ciertos privilegios se justifique la desigualdad por la inversión pública (no se habla del endeudamiento, curiosamente, que aumentó de 66,4% del PIB en 2019 a 71% del PIB en este período) y se nos quiera hacer creer que todos estamos mejor después de este gobierno que para muchos, por suerte, llega a su fin.
El domingo la disyuntiva es entre dos modelos de país, no opuestos pero con diferencias sustanciales explícitas: uno que favorece a los que más tienen (consecuentemente defendido por éstos, como el señor Manuel Reyna) y otro con la aspiración, al decir del General Artigas, de que los más infelices sean los más privilegiados.









