Tras ocho años de gestiones, la Bajada 8 de Playa Grande cuenta ahora con una infraestructura inclusiva. La obra no solo facilita el acceso a personas con movilidad reducida, sino que cumple una función clave en la protección del cordón dunar mediante vegetación nativa.
En una mañana cargada de satisfacción, la comunidad de Playa Grande se congregó este martes 10 de febrero para dejar formalmente inaugurada la nueva pasarela de madera en la Bajada 8. Lo que para muchos podría ser una simple estructura de pino tratado, para los vecinos es el cierre de un capítulo de reclamos que comenzó hace casi una década.
Cristina Gutiérrez, presidenta de la Comisión Vecinal, recordó con emoción que este pedido databa del año 2017. «Tuvimos la suerte de encontrar gente receptiva. La gente está muy feliz, el disfrute es total«, señaló durante la cobertura en vivo de Semanario La Prensa. El evento contó con la presencia de la Directora de Ambiente de la Intendencia de Maldonado, Virginia Villarino, y Eduardo Alonso, Director de Gestión Costera.
Virginia Villarino destacó la relevancia de jerarquizar estos ingresos, no solo por la comodidad del usuario, sino como una herramienta de conservación. Explicó que, al canalizar el paso de la gente, se evita que se pise la vegetación nativa y se erosione la playa, un proceso que a la larga provoca la pérdida de costa. «Estamos felices de acompañar a los vecinos en este proceso y de ver cómo el trabajo conjunto con los guardavidas y las distintas direcciones da resultados concretos«, afirmó la jerarca.


Accesibilidad: La playa para todos
Uno de los puntos más celebrados por los usuarios presentes fue el impacto social de la obra. Carlos, un vecino de la zona, destacó que la pasarela ya está permitiendo que personas en silla de ruedas, niños y adultos mayores bajen a la playa con total seguridad. «Había gente que había dejado de venir porque no podía cruzar o bajar. Hoy esto mejora la calidad de vida de todos«, comentó. Esta obra se suma a la reciente instalación de un lomo de burro y una cebra en la zona, consolidando un entorno más seguro y accesible.
Una «cátedra» de protección ambiental
La nota técnica la puso el Arquitecto Marcelo Rivero, quien brindó una auténtica cátedra sobre la conservación del lugar. Según explicó, la pasarela tiene un objetivo ambiental crítico: evitar el pisoteo del cordón dunar. «El cordón de playa es sagrado; es el respaldo que evita que la arena se fugue a la calle y se pierda el sistema«, afirmó Rivero.
En su intervención, Rivero detalló el trabajo de recuperación realizado en la zona, donde se han plantado cerca de 15.000 ejemplares de pasto dibujante para reconstruir la duna, una especie que actúa reteniendo la arena y permitiendo que el sistema se recupere naturalmente tras los temporales. Asimismo, informó sobre la reintroducción de la Trichocline caulescens, una especie prioritaria para la conservación que se encontraba extinta en la zona. Rivero enfatizó que mantener este «equilibrio dinámico» es vital: cuando no hay suficiente arena y el oleaje impacta sobre superficies duras, se genera un efecto rebote que aleja más la arena de la playa, dificultando su recuperación.

El compromiso de los guardavidas
La brigada de guardavidas de la Bajada 8 también fue protagonista. Álvaro González explicó cómo el equipo, además de cuidar a los bañistas, trabaja en la educación ambiental diaria a través de pizarras informativas que detallan desde corrientes hasta la biodiversidad local. En ese sentido, destacó la figura del pequeño Andrés, a quien definió como el «guardián del médano«, subrayando la importancia de que las nuevas generaciones aprendan y transmitan el respeto por el entorno natural.

La obra, ejecutada por la empresa de Marcelo Sacco, superó las expectativas iniciales: además de los 60 metros previstos originalmente, se construyó un tramo complementario de 25 metros, respondiendo a la necesidad del barrio y a la buena voluntad de la empresa constructora.
Con esta inauguración, Playa Grande no solo estrena madera; estrena un modelo de convivencia donde la accesibilidad inclusiva y el respeto por el entorno natural caminan, finalmente, de la mano.














