
La ministra de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, Arq. Graciela Muslera, no pudiendo soportar más los cuestionamientos a su función, y las habladurías de su pronta expulsión del cargo, cargando culpas de fracasos, finalmente buscando eludir los golpes, presentó su renuncia ante el presidente José Mujica, que pese a sus alabanzas sobre la funcionaria, no tuvo más remedio que aceptarla, como culminación de una separación que alentó.
Alejados de las “disputas de palacio”, resulta que es un ministerio, creado por la Ley N° 16.112, (año 1990) presidencia de Luis Alberto Lacalle, que encuentra hoy una realidad distinta, donde secciones del ministerio han tomado suma importancia, que no la tenían ni se vislumbraban con el énfasis que se plantean ahora, como el caso del Medio Ambiente, que se atiende con rigurosidad del caso. La tenue patriada de Piriápolis, solicitando la atención ministerial en la ejecución de las obras del saneamiento, denunciando la paralización de estudios y proyectos, carpetas “cajoneadas” en oficinas de una dependencia del ministerio, como es la DINAMA, que vale la vulgaridad, que le dieron “una patada” en el tema del puente en la Laguna Garzón, para alejar su incompetencia dentro del ministerio cuyas tareas han sobrepasado el saber y conocimiento de funcionarios que al llegar estos cambios de concepto del Medio Ambiente, ¡se tuvieron que poner a estudiar y trabajar! Es evidente que la ministra Muslera, no pudo sobreponerse a la maraña burocrática de su ministerio, y tal como sacan a un técnico si el plantel no le responde, la hoy Arq. Muslera, dijo basta para mi! Queda esperar si esta nueva situación representará la aceptación y preocupación de las autoridades nacionales, departamentales y locales, de la necesidad urgente del saneamiento de Piriápolis y sus barrios, para presentarlo como un balneario libre de contaminación en sus playas.







