La Cruz de Pancho Piria: un símbolo nacido de la tragedia
Escribe Prof. Gastón Goicoechea investigador histórico de Piriápolis
La enigmática «Cruz de Pancho Piria» en Piriápolis se ubica en la Ruta Nro. 37, frente a la Reserva de Fauna del Cerro Pan de Azúcar. Dicho espacio no es solo un monumento; es un símbolo que condensa una de las historias más trágicas y complejas de los orígenes del balneario Piriápolis. Su surgimiento está directamente ligado a un devastador incendio forestal y a un dramático suceso de violencia que conmocionó a la incipiente comunidad.
El Incendio de 1934 y la Doble Tragedia
El 21 de enero de 1934, un voraz incendio, iniciado por chispas del tren frente a las canteras del Cerro Pan de Azúcar, arrasó con vastas extensiones de bosques en las proximidades, amenazando con extenderse a los Talleres de piedra, al Castillo Piria y al propio Pueblo Obrero. En medio de este caos y destrucción, se desencadenó una tragedia humana que marcaría un antes y un después.
En medio del humo y las cenizas, se gestó un fatídico encuentro entre las dos figuras que se las consideraba los posibles referentes que podían conservar y continuar el legado de Piria. Por un lado Carlos Bonavita, el administrador general de Piriápolis, destacado capataz y luego gerente de La Industrial, quien era la mano derecha del recién fallecido Francisco Piria. Por otro lado el hijo primogénito de Piria, el Ingenieros Químico Francisco «Pancho» Piria, quien estaba a cargo de la Bodega y era una de las grandes esperanzas para el futuro de la empresa. La relación entre Bonavita y Pancho era notoriamente tensa, marcada por un profundo desprecio mutuo, que con la muerte del gran visionario no hizo sino crecer en pocos días.
Ese día, al pie del Cerro Pan de Azúcar, ambos se encontraron en los Talleres de piedra para discutir cómo enfrentar el avance del fuego. La discusión escaló y, montados a caballo, se adentraron en el denso humo. Minutos después, dos disparos resonaron. Bonavita había herido mortalmente a Pancho Piria con su revólver. Desesperado por su propio acto, Bonavita huyó al Hotel Piriápolis (hoy Colonia Escolar), donde, tras un último whisky, se quitó la vida en la habitación 41 con la misma arma.
Para conocer dichos hechos, puedes acceder a verlo en el siguiente microvideo realizado por Athanor Producciones y Turisteando, o buscalo en Youtube como “’Pancho’ Piria – Homenaje”:
El Nacimiento de un Símbolo
Es a raíz de este trágico suceso, que combina el desastre natural con la violencia interpersonal, que Adelina Dell Isola, viuda de Pancho Piria, ordena erigir un símbolo conmemorativo.
La cruz se convirtió así en un recordatorio material de la vida truncada de Pancho Piria y de la doble tragedia que ensombreció aquel verano de 1934. Más allá de un simple hito geográfico, la Cruz de Pancho Piria es hoy un mudo testigo de un evento que dejó una profunda cicatriz en la historia y la mitología de Piriápolis, fusionando el dolor humano con la fuerza indomable de la naturaleza.
El fin de una era y el comienzo de otra
La muerte de Pancho Piria y de Bonavita implicaron el fin abrupto del Piriápolis concebido y dirigido exclusivamente por la familia Piria. La incertidumbre legal, las disputas entre los herederos y la falta de una dirección clara sumieron al balneario en años de parálisis. Proyectos quedaron inconclusos, inversiones se detuvieron y el crecimiento urbanístico y turístico se vio severamente afectado. Fue, en esencia, la clausura de una etapa donde la visión y el control estaban centralizados en una figura o una familia.
Así, producto de esta profunda crisis y del «fuego transformador» de aquel incendio de 1934, nació una nueva etapa para Piriápolis. La tragedia que dejó al balneario sin sus figuras clave actuó como un crisol, obligando a la comunidad a tomar las riendas de su propio destino.
El vacío de poder y la necesidad de progreso impulsaron el surgimiento y fortalecimiento de organizaciones civiles. Instituciones como la Asociación de Fomento y Turismo, el Centro de Hoteles, y luego los clubes Rotarios y Leones, comenzaron a liderar el desarrollo del balneario. La comunidad organizada asumió un rol protagónico, impulsando logros significativos como el Liceo Popular de Piriápolis y la Policlínica de Salud Pública, que respondían a necesidades directas de la población.
La Cruz de Pancho Piria, entonces, también representa esta transición. Marca el punto donde la dependencia de un «padre fundador» y sus herederos se desvaneció, dando paso a una sociedad civil organizada y empoderada. Aquel incendio fatal no solo consumió certezas, sino que preparó el terreno para la germinación de nuevas formas de acción y colaboración.









