Indonesia se pone de pie tras la catástrofe que causó cerca de 2.100 muertos y daños por 500 millones de dólares. El terremoto de magnitud 7.5 y posterior tsunami del 28 de setiembre próximo pasado deja el saldo de 2.096 víctimas fatales, 680 desaparecidos . 10.679 heridos, 78.994, desplazados y 67.310 casas averiadas. Los daños materiales fueron valuados en 531 millones de dólares según informe del Banco Mundial, cifra en la cual no están incluidos los daños económicos derivados de las muertes, destrucción de tierras o pérdida de empleos. Lentamente, los servicios en la ciudad de Palu se reanudan, las tiendas y restaurantes reabren sus puertas, se restablece la electricidad y todos los hospitales funcionan. El gobierno y las instituciones de ayuda como Médicos Sin Fronteras tienen como prioridad ahora «brindar apoyo a los centros de salud en las áreas remotas, para ayudarlos a reanudar las actividades básicas de atención médica y garantizar la prevención de epidemias como diarreas, enfermedades de la piel y sarampión» . Los desplazados se organizan en campos de refugiados con confortables carpas donados por distintos países en el marco la de ayuda internacional que recibe Indonesia.
Daños por 531 millones de dólares
El reciente terremoto de magnitud 7,5 y posterior tsunami, catástrofes naturales que causaron al menos 2.096 muertos en la isla indonesia de Célebes han provocado daños por valor de al menos 531 millones de dólares, unos 458 millones de euros, informó el Banco Mundial el pasado domingo.
La cifra incluye las perdidas por daños en infraestructuras, residencias y propiedades no residenciales afectadas por la tragedia del pasado 28 de setiembre, perol no incluye, en cambio, el daño económico derivado por las muertes, destrucción de tierras o la pérdida de empleos. La institución también ha anunciado un paquete de financiación de 1.000 millones de dólares (unos 863 millones de dólares) para las tareas de asistencia y reconstrucción en Célebes y en la isla indonesia de Lombok, también afectada por varios terremotos en agosto.
2.096 muertos dejó la catástrofe, cifra que podría aumentar teniendo en cuenta que aún permanecen cientos de personas desaparecidas. Se presume que muchas de ellas son habitantes de las zonas afectadas por la licuefacción, un fenómeno en el que el suelo pierde su fuerza o densidad y se convierte en lodo, causando deslizamientos de tierra y arrasando con todo a su paso. La Cruz Roja de Indonesia descubrió que un poblado entero fue aniquilado por el tsunami. «Cuando llegamos a Petobo encontramos que ha sido borrado del mapa».
Galería de fotos: Desplazados se organizan en campamentos montados con ayuda internacional, en este caso de los gobiernos chino, turco y suizo
KOGASGABPAD El Sector Sigi estableció 153 carpas del gobierno chino como refugios temporales para desplazados en Bangga Kec. Dolo Selatan Kab Sigi. El refugio es muy necesario, especialmente antes de la temporada de lluvias. Carpas azules.
PMI ayudó a establecer 300 carpas en Donggala Pesua Loli para 120 familias, Oge Loli Donggala (88 KK) y Monte Bale Donggala (KK 92) para las víctimas desplazadas en Donggala. La campana proviene de ayuda del gobierno de Suiza, carpas blancas. Son agradables y confortables.
«Dos semanas después que un seísmo y tsunami asolaran el centro de la isla de Célebes, nos centramos en asegurar la asistencia básica de la población y prevenir la aparición de epidemias como diarreas, enfermedades de la piel y sarampión»
«Nuestro equipo en Indonesia -compuesto por especialistas médicos, logistas y expertos en agua y saneamiento- evaluó la situación y las necesidades médicas y humanitarias en las zonas afectadas por el terremoto y el tsunami que asolaron el centro de la isla de Célebes el pasado 28 de setiembre»
Nuestros compañeros en la zona también están ayudando a los centros de salud locales y a las comunidades a ponerse de pie.
Hasta el momento, la principal respuesta del Gobierno indonesio se ha centrado alrededor de la costa de la ciudad de Palu, azotada por el tsunami, y en Petobo, en el sur, que se vio afectada por la licuefacción (un fenómeno en el que el suelo pierde su fuerza o densidad y se convierte en lodo, causando deslizamientos de tierra).
Por lo tanto, en colaboración con el Ministerio de Salud, hemos concentrado nuestros esfuerzos en áreas rurales más remotas alrededor del subdistrito Dolo Sur, en Sigi, y a lo largo de la costa oeste del distrito de Donggala, hogar de más de 50.000 personas.
«Seguimos viendo a pacientes con fracturas cerradas debido al impacto del terremoto», explica el doctor Rangi Wirantika. «Hemos estado trabajando estrechamente con las agencias de salud, y nuestra clínica móvil viaja todos los días para brindar servicios de salud a estos pacientes».
Asistencia médica básica
A medida que los servicios en la ciudad de Palu se reanudan lentamente (las tiendas y restaurantes comienzan a abrir otra vez, se está restableciendo la electricidad y todos los hospitales funcionan), ahora la principal prioridad es brindar apoyo a los centros de salud en estas áreas remotas, para ayudarlos a reanudar las actividades básicas de atención médica y garantizar la prevención de epidemias como diarreas, enfermedades de la piel y sarampión.
En estos primeros días, nuestro equipo, trabajando con la comunidad local, logró acceder a los suministros médicos en una clínica dañada, y estos fueron transferidos a una casa vecina para reiniciar las consultas médicas y la distribución de medicamentos.
El reinicio de las vacunaciones de rutina, la recopilación de datos y la vigilancia epidemiológica de diferentes enfermedades también forman parte de nuestro apoyo. Además, dos psicólogos locales se unirán a nuestro equipo para brindar atención de salud mental al personal médico local y a las personas en estas áreas remotas.
Agua segura
Se instalarán estructuras temporales para realizar consultas y brindar servicios de maternidad, y para garantizar el acceso a agua potable.
«Las comunidades afectadas tienen un acceso limitado al agua potable, que es importante para reducir el riesgo de posibles epidemias. En algunas áreas, la gente tiene que caminar hasta dos kilómetros solo para conseguir agua», explica el especialista en agua y saneamiento, Timothius SP Benu.
Por esta razón, el objetivo principal en las comunidades es garantizar que la población tenga acceso a agua potable, y esto se logrará reparando o limpiando las fuentes existentes (como las bombas manuales o los pozos) o con soluciones temporales como la instalación de tanques de agua y sistemas de tratamiento de agua.
Mientras realiza estas actividades, nuestro equipo seguirá evaluando las necesidades en las áreas circundantes y responderán de acuerdo a las mismas.









