«No puedo morir sin escribir este libro» dijo la madre de Carlos Páez, sobreviviente de los Andes. Este lunes 11 de febrero será el lanzamiento en el Argentino Hotel de Piriápolis. Una obra que relata los dramáticos momentos que vivió esta madre durante 72 eternos e infernales días.
Lunes 11 de febrero.- Hora 20:00.- Salón Dorado.-Presentación del libro: “ El Rosario de los Andes” Testimonio de una Madre. Madelón Rodríguez publicó el libro El Rosario de los Andes, donde relata sus vivencias durante los trágicos 72 días que siguieron al accidente del avión que se estrelló en los Andes en octubre de 1972. En él viajaba un equipo de rugbiers, entre los que se encontraba su hijo, Carlos Páez, uno de los sobrevivientes. Para Madelón Rodríguez, escribir este libro era una asignatura pendiente. No lo había escrito por respeto a las madres de los jóvenes que murieron, pero a 36 años del accidente, pensó «no me puedo morir sin contar lo que pasó».
La historia del milagro de los Andes lleva varios libros publicados, otras tantas películas, infinitos relatos y conferencias de los propios sobrevivientes al accidente, que suelen ser convocados desde diversos países para transmitir su increíble experiencia. Pero a 36 años del accidente, Madelón Rodríguez tenía algo pendiente. Como madre de Carlos Páez, uno de los sobrevivientes, Madelón necesitaba contar cómo vivió la desaparición del avión donde viajaba su hijo y lo que sintió en esos 72 trágicos días que pasaron hasta el rescate de los 16 jóvenes que sobrevivieron. Por eso decidió escribir «El Rosario de los Andes», el libro donde ella relata su vivencia.
Para el lector de El Rosario de los Andes, seguramente resultará inolvidable el relato del reencuentro de Madelón con su hijo luego del rescate «Cuando lo vi, nos abrazamos y rodamos por el piso. No sé cuanto tiempo duró eso pero, cuando nos sentamos frente a frente, realmente no sabía qué decirle. ¿Cómo lo pasaste? ¿Cómo te fue? ¿Lo pasaste muy mal? ¡Nada cabía! Entonces, le conté que a Gotita se la había comido el perro de al lado y, además, le pregunté si le había alcanzado la plata que le había dado. Él me miraba con unos ojos inmensos, porque además tenía 30 kilos menos. Entonces, con mucha gracia, me contestó: `Lo de Gotita me importa muy poco y en cuanto a la plata, me la gasté en un boliche tomando Coca Cola. Nos empezamos a reír y no parábamos y seguíamos. Era como una explosión desenfrenada de los nervios».
(extraído de El País digital)








