Historias de viaje: Segunda entrega del viaje de Maxi Sánchez por los caminos y rutas de América: «Armando la mochila»
La aventura comenzó en febrero del 2016 y terminó el 28 de diciembre del mismo año. Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Brasil, países de Centroamérica, Panamá, México, fueron algunos de los destinos.
«Armando la mochila»
El viaje ya se estaba desarrollando en mi cabeza y en mi corazón. Junto al mismo van apareciendo muchos miedos, uno de ellos se llama “duda”. Esta palabra no me dejaba en paz. De a poco y gracias a consejos de amigos y amigas cercanas, le iba ganando la batalla. Cuál era el “porqué” de este miedo: que la fecha para viajar ya estaba definida. Sí, nos íbamos de viaje a fin de año. Esta aventura ya contaba con un nombre: “año nuevo en Ushuaia”.
La decisión vino acompañada de muchas cuestiones. También de algún que otro reclamo. Casi toda la gente que conocía me preguntaba: “¿cómo vas a pasar las fiestas lejos de la familia?”. Dar ese primer gran paso cada vez se hacía difícil; más cuando uno quiere comportarse diferente a lo que viene estableciéndose en nuestra sociedad.
A todo esto se le sumaba más dudas de cómo iba a realizar ese viaje. O sea, donde me iba a hospedar y donde iba a pasar la navidad. Lo que sí estaba establecido era la duración del mismo. Dicho viaje se prolongaría por 15 días, que era lo que me habían establecido de licencia en mi trabajo. En esos días debía recorrer casi 200 kms desde Montevideo hasta Colonia del Sacramento; y más de 3000 kms de Buenos Aires hasta Ushuaia.
Lo más importante y estresante, confieso, fue armar la mochila. Este es un tema aparte y verdaderamente estratégico. En mi país estaba comenzando el verano, y tenía que llegar a un lugar que imaginaba muy frío. Entonces cuando comencé a separar ropa y mire mi mochila, llegue a la conclusión de que no tenía idea de cómo armarla. La capacidad de ropa que había separado era como para cuatro.
En medio de este dilema, me puse a consultar a viajeros, mochileros y amigos. Decidí que las estadías iban a ser en hostales, algo que también desconocía. Lugares en los cuales por lo leído, debía compartir cama en habitaciones en las cuales se hospedaban desconocidos de nacionalidades distintas. Quizás esto ayudó a simplificar un poco el “que llevar en la mochila”, ya que por lo sabido, contaba con un lugar físico para lavar la ropa; pero también generaba otro de los miedos que debía vencer.
En un momento de tantas dudas, me llegaron a plantear, además de leerlo por ahí, sobre si contaba con algún seguro de viajes. Algo que en ese momento concluí no hacer (ya que contaba con uno gracias a mi trabajo), y realmente no le di mucha importancia. Este tema lo planteare más adelante en otra historia en la cual desarrolle la posibilidad de contar con uno o no hacerlo.
La fecha de partir se acercaba, y con mi mochila tenía un gran dilema. Lo que si ya estaba seguro para cargar era mi mate, mi termo y la yerba.
Si la pregunta hoy fuese: “que debo meter en una mochila antes de partir en una aventura así?”; yo contestaría a la misma con otras preguntas: “¿por cuánto tiempo te vas? ; ¿por dónde vas a viajar? ; ¿qué clima prevalece en esos lugares elegidos? ; ¿vas a tener eventos importantes para así llevar una muda prolija? ; ¿hay insectos por donde vas o hay lugares peligrosos?”…
En fin, como verán las dudas son muchas. Mi mochila es de 50 lts, para la misma y nosotros, porqué no, el peso ideal a cargar es de 10 kgs. Más peso significa llegar a dañar nuestra espalda o hacer de nuestro caminar, algo difícil. Es lo que no buscamos para viajes de aventuras así.
Como el ser humano es muy apegado a todo, a la ropa quizás mucho más, descubrimos otro tema del cual debíamos aprender a desprendernos. Lo ideal es viajar con poca ropa, y donde vayas poder lavar la misma. En esto casos paso a nombrar desde mi humilde opinión lo que debería ser imprescindible llevar en la mochila: una muda para momentos o eventos importantes (no hablo de trajes y corbatas), y después lo demás va en cuestión del clima reinante. Además contar con un botiquín pequeño de primeros auxilios, una linterna, quizás pastillas potabilizadoras de agua, elementos para cocinar (si vas de camping), repelentes para insectos, y creo por ahí ya estamos.
Mi mochila, vale la pena aclarar, la primera vez se había armado a lo Maxi, llena. Después fui aprendiendo varios “tips” viajeros para estos casos.
Ahí estábamos mi mochila y yo, prontos y esperando ese día para subir al bus que me llevaría a mi primera aventura viajera. Cruzaríamos a la vecina orilla, Argentina, y trataríamos de llegar al “fin del mundo” para poder pasar un fin de año en lo más austral del continente americano. Este sueño ya se estaba haciendo realidad. Esa meta que nos habíamos puesto, empezaba a dar sus frutos y la tachábamos de nuestra hoja de ilusiones a cumplir.
Extraído de Viajando con el Uru







