
Emiliana Nuñez Rivas hoy tiene 30 años. Casada con Santiago Candamil, es madre de dos niñas, Tiziana (6) y Aitana (3). Cuando tenía 28, estando amamantando a “la más chica”, recién nacida, nunca se había subido a un avión comercial, porque tenía pánico a volar. Hasta que, llevando una vida feliz, pero tradicional, la de toda ama de casa, decidió aceptar el desafío planteado desde un mensaje de facebook para colaborar en la filmación de un film en ciernes, “Alas de la Armada”, a cargo de dos piriapolenses, como ella.
Así inició una rutina que implicó participar de largos días de rodaje que podían terminar en la madrugada, para conseguir quizás un par de minutos de film. Lo más inesperado, para ella misma, fue que aceptó firmar un contrato, donde aceptaba los riesgos a su integridad personal, y a su propia vida, de tener que trabajar en un ámbito militar y aeronaval, como la Base Aeronaval de Laguna del Sauce, y el Área Naval de Montevideo. Entre otras cosas, implicó que volara en avión durante una patrulla marítima nocturna, subir a un helicóptero naval militar que realizó la peligrosa maniobra de aterrizar a bordo de un buque de la Armada con plataforma portahelicópteros, y navegar con mar picado en rápidas lanchas zodiac por la bahía de Montevideo.
Diario “La Prensa” reproduce esta entrevista exclusiva a la protagonista de “Alas de la Armada”, un film institucional y experimental realizado por los piriapolenses Gastón Goicoechea y Agustín Lorenzo.
LA PRENSA -¿Cuál era tu formación actoral antes de empezar esto?
EMILIANA NUÑEZ –Me formé cuatro años en la carrera de Actuación. No tuve la oportunidad de hacerlo en Piriápolis. Fue en el Instituto de Actuación de Montevideo, pudiendo hacer varios comerciales y cortometrajes, y varias obras de teatro. Tuve la experiencia de poder enseñar lo que aprendí en el Instituto Galileo Galilei en 2010. Hoy me dedico a otra cosa, soy terapeuta reikista y masajista, más allá que mi formación actoral sirve mucho para desenvolverme.

NUÑEZ –Actuar. Hacer de lo que no soy. Hice de una especie de periodista o investigadora civil aeronáutica en la Armada, buscando crear un modesto nexo entre el espectador y los entrevistados para facilitar el desarrollo de la esta historia, o narrar de una manera no tan “informativa” esta historia de la Aviación Naval, que a través de ella, narra lo que es y hace la Armada Nacional.
LA PRENSA -¿ Y cómo llegaste a ser tú la que llenó este rol?
NUÑEZ –Me convocaron Gastón y Agustín. Pienso que porque al ser de Piriápolis me conocían, y sabían que me había formado en la carrera de la actuación. Hice una entrevista previa con ellos dos, me explicaron el asunto, e insistieron si quería prestar mi imagen a un tema que no sería político, pero que implicaba ser la imagen institucional de una fuerza militar, con todos los prejuicios que todavía existen en la sociedad por lo que pasó hace casi medio siglo, pero que todavía no ha sido resuelto (más allá que de la Armada Nacional y su Aviación Naval protagonizaron la resistencia inicial contra la caída de las instituciones en febrero de 1973).
LA PRENSA -Y los riesgos que podía conllevar este trabajo…
NUÑEZ –Si. En esa reunión que recuerdo fue en Terranova hace muchos años, me explicaron los riesgos que implicaba volar en helicóptero sobre el mar, o aterrizar en un buque de guerra en movimiento como el ROU 04 “General Artigas”… Antes de aceptar, incluso con Gastón fuimos a la base a hacer un vuelo de prueba sobre la bahía de Piriápolis, incluso con alguna maniobra acrobática a ver si aguantaba. Fue un desafío, porque nunca había volado, tampoco navegado, siempre le tuve miedo. Y me gustó superar esas fobías.
LA PRENSA -¿Cómo fue trabajar en el ámbito militar?
NUÑEZ –Imaginate que no tenía ninguna experiencia previa en el mundo militar y naval. Pero la verdad tampoco tenía ningún prejuicio de cómo sería. Y adentro aprendí muchas cosas, y entendí otras. Incluso Agustín y Gastón tuvieron que hacer un curso básico militar como práctica con fusil, porque así funciona allí, y a mí me hubiera gustado hacerlo debo reconocerlo, a pesar de mis temores. Entendí la disciplina con que se manejan, por más que a veces enlenteció los rodajes y los tiempos del proyecto.

NUÑEZ –En lo personal, fui contratada por Agustín y Gastón, así que detalles de la parte interna entre ellos en cuanto a producción, arte, y la coordinación con los Oficiales Navales no tenía nada que ver. A mí me avisaban con tiempo el día de rodaje, me pasaban el guión, en una camioneta de la Armada me pasaban a buscar. Siempre era algo bien distinto, un día una entrevista a retirados en la base, otra en el Puerto de Montevideo, otro día de nuevo, pero en la Isla Libertad, en la bahía, una noche un vuelo nocturno, y una vez un aterrizaje en el ROU 04 navegando. Fue una linda experiencia, superando todas mis fobias.
LA PRENSA -¿Así que “Alas de la Armada” te dejó muchas cosas?
NUÑEZ – Mucho. Así que agradezco a Agustín y Gastón por confiar en mí desde el principio, ayudándome en todo. También a mi esposo, Santiago, por haberme bancado con mis dos hijas las largas horas de rodaje, justo en un momento en que tenía que dar de amantar a la menor.
Tuvimos los tres, es decir, Gastón, Agustín y yo, muchas de las malas, que me las reservo. Trabas, problemas, descoordinaciones, desencuentros con terceros, como en todos lados. Pero me quedo con las positivas, desde poder volar en diferentes aeronaves, cosa que nunca había hecho, ni siquiera en avión comercial. Y además de eso fue maravilloso dejarme conocer ese mundo sumamente desconocido y cerrado para mí, y poder entender mejor el funcionamiento de la Armada, y la importancia de su misión para nosotros, como sociedad.


“Alas de la Armada” podrá verse este viernes, 3 de noviembre, hora 19:30, en el Salón Dorado del Argentino Hotel.








