Con dolor y congoja comunicamos el fallecimiento de María Cristina Reyes, entrañable vecina de Piriápolis, exquisita persona, a quien todos conocimos como el «alma mater» de los cines en Piriápolis, desde el Cine Argentino (hoy Paseo de la Pasiva), el Festival Hall hasta el Miramar, que junto a Raquel De León, gestionaron en los últimos 30 años hasta su cierre en el 2014.
Dirección y staff de semanario La Prensa expresan su mas profundo pesar ante tan irreparable perdida y envía sus condolencias a la familia. Cristina Reyes era una defensora acérrima de este medio, demostrado en cada uno de sus viajes a Estados Unidos cuando, en un valioso gesto que merece nuestro eterno agradecimiento, se encargaba de llevar ejemplares de las ediciones de semanario La Prensa para las bibliotecas de la colectividad uruguaya de aquel país.
Como forma de rendir homenaje y en memoria de nuestra querida vecina, publicamos a continuación la dedicatoria que con motivo de su fallecimiento escribió el Prof. Gastón Goicoechea, en un trabajo que tituló «La número 34».
«LA NÚMERO 34»

Cuando María Cristina Reyes. con 12 años, llegó a Piriápolis, en octubre de 1958, quizás no era consciente de la aventura que iba marcar su vida, llenarla de orgullo a ella, a su generación, y a todos los piriapolenses que hemos conocido la historia del Liceo Popular, llevado adelante desde ese año de forma honoraria por profesores y director.
A Cristina Reyes no le tocó “salir en la foto” de los alumnos pioneros, conocidos desde entonces como los “Treinta y Tres Orientales”, bautizados así por el Dr. Héctor Barrios, primer director del liceo, persona que Cristina siempre recordó con profunda admiración. Igual a ella no le molestó ser la “34”. De hecho, nunca le importó “aparecer”, sino hacer, y también “recordar”, llevar la memoria a los jóvenes para formar un mundo mejor.
El Liceo Popular marcó a fuego su juventud. Los recuerdos de los jóvenes y adultos que protagonizaron la aventura del Liceo Popular, principalmente las enseñanzas éticas, y el mensaje optimista que nos podían dejar, fueron parte de su vida. Así buscó transmitírselo a la familia que luego formó, a sus amistades, a sus compañeros de trabajo, y todo turista que se le cruzara y entablara alguna de esas conversaciones sanas, positivas y elevadas que se podía tener con ella.
Así la conocí cuando en 2012 me tocó realizar el film “Liceo Popular”. Cuando la entrevistamos recuerdo que estaba nerviosa, no quería de olvidarse de nadie. Los que vieron el film, seguramente recordarán que sus testimonios estuvieron entre los más dinámicos, y más que nada emotivos, sabiendo transmitir el mensaje de su generación pionera en la formación del Liceo de Piriápolis.
El Cine Miramar fue la otra parte fundamental de su vida, la de su vida adulta. Había sido inaugurado el 4 de diciembre de 1936, con funciones al aire libre, para luego en 1944 instalarse en una sala para 550 personas. Cuando Cristina llegó a Piriápolis, de adolescente se enamoró del cine. Bruno Massironi era el propietario de los varios cines que antes animaban a la Rambla de Piriápolis, en donde se formaban colas de cuadra y media para llenar sus salas. Eran el Cine Argentino (arriba del actual Paseo de la Pasiva), el majestuoso Cine Festival (donde hoy en su antiguo hall se encuentra un salón de maquinitas y pool), y el Cine Miramar. En este último Cristina trabajó por décadas, donde aprendió a admirar a Massironi, y, mirando films, a amar, entender y enseñar mucho de cine.
A lo largo de casi treinta años se fue haciendo el “alma mater” del lugar, entablando una gran amistad con Raquel De León. Juntas, por años, llevaron adelante el cine, en tanto los otros cines fueron cerrando, debido al fallecimiento de Massironi, y más que nada por el avance de formas de visualización más personal, que fueron matando la experiencia colectiva del cine, como el VHS primero, luego el DVD, y ahora la Internet.
Aún así, el “Miramar” siguió adelante por años. Además de dejar su aporte como parte de nuestra oferta turística, el cine llevó adelante un papel social y cultural. En el siglo XXI, de la mano de Cristina y Raquel, se trajo a las escuelas y al liceo a ver films y documentales con valor educativo, llevando además la experiencia cultural del cine a niños que quizás jamás la hubiesen experimentado.
Hasta que llegó el final. La necesidad de introducir una costosa tecnología digital dio el golpe de gracia al último cine de Piriápolis, sostenido por las espaldas de Cristina y Raquel, cuando en 2014 el Miramar anunció que cerraba.
Con él, una parte fundamental del sentido de la vida para Cristina también dejaba de existir. No obstante, allí estaba su familia, por la que tanto luchó, y que la apoyó en su proyecto de pasar los últimos años de su vida en la galería de ese cine por los que pasaron tantas historias contadas en cinta. Así, Cristina pudo continuar su rutina de bajar por la calle Sierra, desde su casa en la calle Misiones, hasta la Galería Miramar, atendiendo ahora su comercio, “Namásté”, siempre elegantemente alhajado con mercadería de estilo oriental. Allí se la pudo ver a Cristina, siempre esplendida, con su conversación agradable e interesante, sin exteriorizar en su verdadera dimensión el dolor que tenía por lo perdido, ni los problemas de salud que habían comenzado a aquejarle.
Finalmente, las complicaciones de una tremenda enfermedad se llevó de Piriápolis a “la número 34” del Liceo Popular, aunque los que la conocimos sabemos que como estudiante, empleada, esposa y madre; fue “la número uno”, y que allá, en donde sea, lo seguirá siendo, conversando, feliz, con el Dr, Héctor Barrios y con don Bruno Massironi.
Dedicatoria del Prof. Gastón Goicoechea Pérez a María Cristina Reyes.








