El deporte suele narrarse desde la épica de la juventud: la velocidad, el vigor y la promesa del futuro. Sin embargo, en las calles de Piriápolis y en las aguas de nuestra costa, emerge una épica distinta, más silenciosa pero igual de potente: la de aquellos que, pasados los 70 u 80 años, siguen colocándose el número en el pecho y lanzándose a la meta.
El reciente testimonio del atleta piriapolense Andrés Figari, tras completar la prueba de nado este sábado y obtener el 6° puesto en su categoría 65/99, pone sobre la mesa una discusión necesaria sobre la justicia deportiva en Uruguay. Figari, a sus 77 años, no solo compite contra el reloj o el mar; compite contra un sistema administrativo que parece haber dejado de contar después de los 70.
El «techo de cristal» de los 70 años
Actualmente, muchas carreras de calle en nuestro país agrupan a los corredores en una categoría genérica de «70 años y más». A simple vista, parece un detalle técnico, pero en la práctica es una barrera invisible. Como bien señala Figari, un atleta de 77 o 80 años se ve obligado a dar una ventaja de casi una década frente a quien recién ingresa a la categoría con 70 años.
En el alto rendimiento, donde cada segundo cuenta y el cuerpo responde a ciclos biológicos precisos, esta diferencia es abismal. Mientras que en el atletismo máster de pista ya se han corregido estas brechas estableciendo categorías cada cinco años hasta superar los 90, el atletismo de calle uruguayo se ha quedado rezagado.
Agrupar a todos los veteranos en una sola «bolsa» no es solo una desventaja competitiva; es, en el fondo, una forma de invisibilización. Cuando el sistema deja de diferenciar edades en la vejez, está enviando el mensaje que, a partir de cierto punto, el rendimiento ya no importa, que «lo importante es solo participar».
Pero para hombres como Andrés Figari o el propio Omar Clok —quienes se preparan hoy para citas internacionales en Montevideo y Lima—, la competencia es un motor de vida. Ellos son atletas de élite en su tiempo y merecen reglas que respeten esa dignidad.
Un llamado a las autoridades
Es hora que las organizaciones deportivas locales y nacionales tomen nota. Si queremos ser una sociedad que promueva el envejecimiento activo, debemos empezar por reconocer que un atleta de 80 años no es igual a uno de 70.
Extender las categorías en las carreras de calle no requiere de grandes presupuestos, sino de un cambio de sensibilidad. Es reconocer que la competencia entre pares es lo que mantiene viva la llama del deporte. Andrés Figari nos recordó este fin de semana que el cronómetro no se detiene a los 70; nosotros, como sociedad, tampoco deberíamos hacerlo.








