Carta abierta de Carmela Hontou a dos años del peor día de su vida: «emocionalmente estoy muerta, y mi actividad laboral también»
El 13 de marzo se cumplieron dos años de la entrada del coronavirus a nuestro país con la confirmación de los dos primeros casos, uno de ellos fue el de la empresaria Carmela Hontou, quien el 3 de marzo del 2020, había llegado al país procedente de Europa.
Cuando se hizo público que había dado positivo y que la propia mujer había reconocido haber participado unos días antes en un casamiento al que asistieron mas de 500 personas, a Carmela Hountou se le vino la noche cuando las redes sociales estallaron contra su persona, acusándola injustamente de haber introducido el virus al Uruguay, que después se comprobó que el coronavirus ya hacía días estaba en el país.
Igualmente, Hontou, fue víctima de un linchamiento público, de una condena social, injusta, perversa, siniestra, totalmente repudiable, que no merecía ella ni ninguna otra persona, con consecuencias tremendas para un ser humano, para una vecina, para una mujer, para una uruguaya. La ferocidad del linchamiento, como lo dice la propia Carmela en la carta abierta que envía a la redacción de semanario La Prensa y que publicamos a continuación, la dejó muerta emocionalmente y sin trabajo.
Hontou sostiene que fue acusada de genocida, nazi, asesina, fue denunciada penalmente y sobreseída por falta de méritos… «muchos de estos irresponsables serán llevados a la Justicia para que pidan disculpas, se retracten y paguen por los daños ocasionados y se lleven una buena lección de este otro caso de linchamiento público» señala la carta.
«… como confío en la justicia de los hombres, tarde o temprano, pondrá a cada un en su lugar, y seguiré pidiendo a Dios, me saque de este largo túnel y me de la paz y claridad necesaria, para enfrentar este tramo de mi vida»
Dese semanario La Prensa, simplemente, todo nuestro apoyo y solidaridad para con Carmela Hontou, quedando a las órdenes y poniendo todos nuestros medios a disposición, si pueden ser útiles para ayudar a reconstruir su actividad laboral, que tal como lo afirma la víctima, fue destruida.
A continuación la carta de Carmela:
El 13 de marzo es y será un día que no olvidaré jamás en el resto de mi vida. Es el día donde todo lo que había construido se desmoronó. Lo primero que tengo para decir es que debo AGRADECER POR ESTAR VIVA, agradecer a mi familia, a mis amigos, y a mis hijos que fueron el sostén más grande, desde aquel 13 de marzo.
Cuando miro hacia atrás, me parece haber estado en una película de terror donde el planeta entero entró en una dolorosa crisis sanitaria, y todo el mundo se cerró. En el Uruguay me contagié del virus, me sentí morir varias veces, y aún con muchas secuelas pude superarlo, pero emocionalmente estoy muerta, y mi actividad laboral también.
Muchos dedos acusadores comenzaron a señalar sin saber que había ocurrido, y luego de comprobarse que el virus estaba en nuestro país antes de mi llegada, continuaron alimentando este disparate. Me trataron de genocida, de Nazi, de asesina y tantas cosas más que difícilmente pueda reproducir. Me denunciaron penalmente y fui sobreseída por falta de méritos. Hubo groseras mentiras, audios viralizados de personas que no son amigas, pero que saben quién soy, burdos montajes con videos truchos, acusaciones cobardes y algunos vivos que aprovecharon para hacer música o para inaugurar un nuevo deporte: el de pegarle a Carmela.
Es por ello que muchos de estos irresponsables, serán conducidos a la justicia, para que se retracten, pidan disculpas, reparen en parte los daños ocasionados y se lleven una buena lección de este verdadero caso de linchamiento público.
He aprendido mucho sobre mis compatriotas, hice nuevos amigos, muchos virtuales que fueron de vital apoyo en el día a día, y me tuve que armar de nuevo. A pesar de sentirme devastada, estoy volviendo a reconstruir mi actividad laboral que quedó destruida. A reconectar con mi esencia creativa, y en sanar primero para luego pensar en retomar mi vida. Pero antes debo seguir atravesando este dolor con cada citación judicial que debo hacer, cada conciliación que debo enviar, cada acción que los abogados realizan, vuelvo a caer en un pozo de angustia y soledad, vuelvo a enfermar y a tener que curarme, no imaginan los que jugaron ese siniestro deporte, el dolor que han causado.
Este es mi país, y desde acá deberé encontrar los mecanismos de sanación que me lleven a construir una nueva realidad, a volver desde mis propias cenizas, y como confío en la justicia de los hombres, tarde o temprano pondrá a cada uno en su lugar, y seguiré pidiendo a Dios, me saque de este largo túnel, y me de la paz y la claridad necesaria para enfrentar este tramo de mi vida.
El 13 de marzo será un día que no olvidaré en mi vida, créanme que hoy se me hizo muy largo, con tantas imágenes que aparecieron, tanto llanto y tanto dolor, pero el día se termina y mañana 14, Dios mediante, retomaré este largo camino de la sanación.
Carmela Hontou













