Un nuevo informe revela discrepancias de hasta un 20 % en las mediciones del carbono oceánico. Sin datos precisos sobre el mayor sumidero de CO2 del planeta, los planes de los gobiernos para frenar el calentamiento global podrían estar basados en información incompleta y errónea.
El océano es el aliado más importante en la lucha contra el cambio climático, absorbiendo aproximadamente el 25 % de las emisiones globales de CO2. Sin embargo, la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la UNESCO ha lanzado una alerta contundente: existen «importantes lagunas» en la comprensión de cómo funciona este proceso, lo que compromete la fiabilidad de todas las predicciones climáticas actuales.
Modelos basados en datos incompletos
El Informe integrado de investigación sobre el carbono oceánico, elaborado por 72 autores de 23 países, revela que los modelos científicos actuales difieren ampliamente. Las discrepancias en la estimación de cuánto carbono absorbe el mar alcanzan un 10-20 % a nivel mundial, y son incluso mayores en regiones específicas.
Esta incertidumbre se debe a la falta de datos a largo plazo y a deficiencias en la comprensión de cómo responden procesos clave —como el plancton y la vida microbiana— al calentamiento global. Al no saber cómo influyen estos cambios en el almacenamiento de carbono, las estrategias de mitigación y adaptación de los gobiernos podrían estar fallando en su base científica.
Riesgos para las comunidades y la economía
«Estamos tomando decisiones climáticas sin saber cómo se comportará el océano», advierte el informe. Si la capacidad del mar para absorber carbono disminuye en el futuro, el calentamiento global se acelerará, invalidando los objetivos de emisiones y los planes climáticos nacionales.
Esta situación complica especialmente la planificación de las comunidades costeras, que ya son vulnerables al aumento del nivel del mar y a las tormentas. Las decisiones sobre ingeniería climática y posibles intervenciones para eliminar carbono también corren el riesgo de ejecutarse sin pruebas sólidas sobre sus consecuencias.
El camino hacia una ciencia coordinada
Para paliar estas carencias, la UNESCO propone una hoja de ruta que incluye un sistema global de observación del carbono oceánico combinando satélites y plataformas autónomas. Khaled El-Enany, Director General de la UNESCO, reafirmó el compromiso del organismo para que los Estados miembros desarrollen políticas basadas en conocimientos científicos sólidos.
Desde el inicio del Decenio de las Naciones Unidas de la Ciencia Oceánica (2021-2030), se han movilizado más de mil millones de dólares para transformar el conocimiento del mar en acciones medibles. No obstante, el informe es claro: sin una comprensión clara de cómo está cambiando el sumidero de carbono oceánico, las estrategias mundiales corren el riesgo de basarse en un «punto ciego» informativo.








