
A 50 años del brutal crimen de 4 soldados a manos del terrorismo tupamaro: «La foto de los caídos el 18 de mayo»: «La foto de los caídos el 18 de mayo». Este miércoles, 18 de mayo de 2022, se cumplen 50 años del terrible crimen de 4 soldados que fueron acribillados a balazos y a sangre fría por un comando tupamaro. En el cincuentenario del cobarde crimen, semanario La Prensa publica el siguiente artículo producido por el investigador histórico de Piriápolis, Prof. Gastón Goicoechea, que recuerda aquella fecha desde la óptica del militar encargado de registrar la sangrienta escena en fotos, hablamos del Sargento Eño Rosa, fotógrafo del STE.

La foto de los caídos del 18 de mayo»
Producción y fotos Prof. Gastón Goicoechea
En la fría mañana del 18 de mayo de 1972, cuatro soldados a bordo de un Jeep Willys estaban estacionados en la calle Abacú 2126, a mitad de cuadra entre Avenida Italia y Juan Ortíz, prestando custodia frente a la residencia del General Florencio Gravina, Comandante en Jefe del Ejército.
A las 7.45, los soldados compartían un mate, y veían salir el sol, que empezaba a calentar algo el reducido espacio del vehículo en el que pasaron la fría noche. Llevaban los ponchos reglamentarios, y parados entre sus piernas sus fusiles M-1 Garand, a la espera del relevo de la Guardia que vendría en 10 minutos. Doblando la esquina con Avenida Italia, de frente apareció una camioneta Volkswagen Kombi, que al aproximarse de frente al Jeep aminoró la marcha, y sorpresivamente abrió fuego.
Sus proyectiles acribillaron a los soldados del Jeep, produciendo su muerte instantánea, primero una ráfaga que rompió el parabrisas, y luego en la pasada el costado y la parte de atrás, para luego a toda velocidad doblar por la esquina de Juan Ortíz, apenas dando tiempo a un quinto Soldado, destacado en el segundo piso de la casa, para disparar tres tiros con su M-1. El Soldado bajó corriendo a la planta baja y al llegar al Jeep se encontró con sus cuatro compañeros muertos por las múltiples heridas recibidas.
La acción había sido realizada por un comando tupamaro a bordo de una camioneta robada, que disparó con armas automáticas. Los guerrilleros habían centrado su fuego en el Jeep Willys que estaba de custodia enfrente a la casa, asesinando instantáneamente y sin posibilidad de defenderse a los Soldados Saúl Correa Díaz (21 años), Osiris Nuñez (35 años), Gaudencio Nuñez (27 años) y Ramón Ferreira (21 años), todos efectivos del Batallón de Infantería Blindado Nro. 13.
A esa misma hora, el Sargento Eño Rosa, fotógrafo del STE, hacía minutos que, desde el Cuartel Peñarol, había llegado al Departamento de Relaciones Públicas del Ejército, en donde prestaba servicios. Todo golpe a la Sedición era documentado por fotografías realizadas por el STE, y se mandaba a la prensa. Ese día, cuando Rosa llegó a la Estación de Radio, y aprontaba su mate, había poca gente. Era feriado nacional. Cuando en el Teletipo sonó el “Rojo 1” (Comando General) y Rojo “Comandante en Jefe”. La comunicación decía “Me están tiroteando la casa, necesito personal militar”.
El Jefe de Servicio salió del despacho, y vino el Jefe de Relaciones Públicas, el Coronel Julio Formento, a quien el Sargento Rosa había conocido en el Cuartel Peñarol, cuando había sido Jefe del Batallón de Ingenieros Nro. 5 (Trasmisiones). “¿Está pronto, Rosa?” le dijo. “Si, estoy pronto”, respondió el fotógrafo militar. En un vehículo ambos fueron hasta Abacú 2126.
Cuando llegaron, habían tropas por todos lados. Se sabía que las patrullas que llegaron antes no habían encontrado a los perpetradores del atentado, y se limitaron a hacer un perímetro de seguridad, entre la presencia y las miradas curiosas de cientos de vecinos sorprendidos y horrorizados. “Bueno saque las fotos, yo voy a ver al Comandante”, dijo escuetamente el Coronel Formento, en tanto bajaba del Jeep.
El Sargento Rosa se acercó al Jeep, y empezó a fotografiar el vehículo, repleto de agujeros de bala al frente, al costado y atrás, en el chasis, la loneta, las luces, los vidrios y el parabrisas, registrando más de un centenar de impactos. Algunos se podía ver que perforaron el vehículo, y habían impactado en la casa del General Gravina y en otras de la cuadra. Adentro, estaban los cuerpos sin vida de sus camaradas, pertenecientes a una Unidad amiga, próxima al Cuartel Peñarol.
Llevaba dos cámaras. Una Pentax con un ángulo 50-55 mm, foco normal, estrecho, y otra una Yashica con una lente de 40 mm con un ángulo de 65, que era lo que necesitaba. Rosa buscó sacar fotos de todos los ángulos. Con la ayuda de un Mayor que no conocía su nombre, retiró las puertas del Jeep, y abrió la lona de la parte de atrás, ayudado por el Mayor, que lo ayudó a abrir la botonera de atrás, levantando la lona de este lado.
Registrando unas 30 fotos, Rosa pudo ver la imagen de sus camaradas muertos por los impactos de bala, casi todos desde el lado derecho, de forma tal que quedaron inclinados hacia la izquierda. Tenían heridas en el torax y en la cabeza fundamentalmente. El conductor había recibido un terrible impacto en la nuca, y se podía ver como su sangre salió del vehículo, manchando el estribo del Jeep, desde donde goteó al pavimento.
En medio del profundo dolor e indignación que sentía por sus camaradas, Rosa registraba las fotos, sintiendo como esas balas también habían sido para él, que llevaba el mismo uniforme de los cuatro jóvenes, que seguramente habían compartido las similares penurias y sacrificios de la vida militar, así como el amor por la Patria.
Tratando de contener las lágrimas, cumplió en 15 minutos con la misión encomendada por el Coronel Formento. Sin perdida de tiempo, el Sargento Rosa fue trasladado de inmediato al Comando del Ejército. Allí reveló las fotos, y antes del mediodía ya se contaba con varias copias, que tendrían como destino la prensa, no sin antes ser revisadas y autorizadas por el Coronel Formento. Las fotos fueron publicadas por la prensa nacional, saliendo en los diarios “El Día”, “El País”, “El Diario”, “La Mañana” y el “Popular”, y reproducidas también en los canales de televisión. La reproducción gráfica del suceso realizada por el Sargento Rosa registró con tanta elocuencia la trágica muerte de esos cuatro jóvenes, que provocó ese día la indignación de toda la sociedad uruguaya.
Terminada la jornada, el Sargento Rosa retornó al Cuartel Peñarol, acompañado por el Coronel (R) Elbio Rodríguez, amigo de la Unidad. En el camino, surgió la idea de este Oficial de poner en las Guardias de Prevención una de estas fotografías, con el texto de “Un descuido en nuestra vigilancia significa la muerte”.
Efectivamente, la foto fue reproducida y dejada en los cuerpos de Guardia de todas las Unidades Militares, no solamente como una señal de estar alertas, sino como homenaje permanente a estos Soldados asesinados, que representaban a toda la Institución, agredida en la fecha de su nacimiento.
Con los años, las fotos del Sargento Eño Rosa pasaron a formar parte de la galería de fotos icónicas de nuestra Historia, representando y documentando una época nuestro país, de la que el Batallón de Ingenieros Nro. 5 (Trasmisiones) dejó su registro, para que las futuras generaciones conozcan esta pasado trágico, para no repetirlo.
1 Entrevista al Sgto (R) Eño Rosa. Realizada por el Alf. Juan Pablo Martínez. Montevideo. 22/11/2021. 2 Idem. 3 Idem.

















