En el marco de la Fiesta Nacional del Chivito, la hija de Antonio Carbonaro dialogó en vivo con Semanario La Prensa sobre el homenaje popular en Gorlero, los recuerdos del emblemático bar El Mejillón y la noche en que una clienta cordobesa motivó la creación del clásico uruguayo.
Durante la celebración de la Fiesta Nacional del Chivito en plena avenida Gorlero, Graciela Carbonaro, hija de Antonio Carbonaro, creador de la emblemática propuesta gastronómica, compartió su testimonio con la transmisión en vivo de Semanario La Prensa y manifestó la emoción de ver el reconocimiento que la ciudad le brinda a su padre.
«Es una gran emoción para mí, para toda mi familia y para todos los puntaesteños también. Y ver Gorlero así, repleto, que la gente esté trabajando con algo que inventó mi padre hace tantos años, es, la verdad, una gran emoción», expresó Carbonaro frente a la multitud que colmó la principal avenida del balneario.
Al evocar el nacimiento de la preparación en la década de 1940, explicó la filosofía de servicio y hospitalidad que guiaba el trabajo de su padre en los comienzos de la península: «Él siempre trabajaba y decía: ‘Cuando yo inventé el chivito, lo inventé para que una turista no se fuera de Punta del Este sin ser bien atendida’. ¿Por qué? Porque eso era la propaganda de nosotros en otro lado. Cuando alguien se iba bien atendido, reflejaba lo que había sentido en sus amigos, comentarios en la familia y esa gente traía más personas. Y ese era el sentir de él y de toda la gente que en la década del 40 veía cómo este balneario estaba surgiendo recién como balneario internacional».
Consultada sobre aquella histórica jornada, relató los pormenores del episodio: «Fue cerca del verano, y esa turista se iba para Montevideo y quería comer algo rápido. La cocina estaba cerrada. Era cordobesa y quería comer carne de chivo. Nosotros la carne de chivo acá no la hacemos. Entonces papá fue a la cocina, agarró una roseta, la enmantecó, le puso la carne de lomo, le puso una feta de jamón, la calentó y se la dio. A ella le gustó, y cuando se fue le dijo a los empleados: ‘Mirá, esto es un plato rápido para los que salen del casino y bueno, le vamos a poner chivito porque la señora quería comer carne de chivo’».
La anécdota marcó el inicio de un clásico que trascendió fronteras y que tuvo su epicentro en la tradicional esquina de El Mejillón, punto de referencia indiscutido de las noches puntaesteñas de mediados del siglo XX bajo la recordada frase «¿Dónde nos encontramos? En El Mejillón».
Tras 82 años de aquella invención, Carbonaro valoró la concreción de este homenaje popular: «Todo en la vida llega y este día ya llegó. Lo vivo con una gran alegría porque no solamente es algo que inventó mi padre, sino que ustedes ven cómo está esto y están trabajando todos los comerciantes de Punta del Este».













